Poema 627: Dirección Orquestal

Dirección orquestal

La expectativa nórdica no era excesiva

y sin embargo todo se fue animando:

la soleada tarde de primavera en bici,

mi ubicación en el auditorio,

el adelantamiento a la esforzada violinista

que ascendía con su bicicleta plegable.

La directora dirigía con todo el cuerpo,

armoniosa, baile suave de las manos,

elegancia y gestos de profunda concentración:

en su cara anticipaba el desgarro, el dolor,

o la alegría desbordante del oboe solista.

Hubo un pianista virtuoso de gran fama,

una compositora rescatada del olvido

que me transportó al amanecer en el lago,

preludio ambos de la gran sinfonía danesa.

Los violines avivaban la orquesta o la sosegaban,

la directora se movía como una espiga ondeante

o como toda la colina cerealista a un tiempo.

Los fagots acompañaban siempre a la trompa

que contestaba a la desmesura de las cuerdas;

la madera amortiguaba el metal.

–Muy difícil, muy difícil, partitura llena de acotaciones–,

me había dicho días antes un primer violín.

La directora dominaba y modulaba,

moldeaba a la centena de artistas cual escultora,

les insuflaba vida y continuidad.

El final apasionante no daba tregua al espectador

embelesado y atrapado por el virtuosismo ejecutivo:

un éxito agotador, un goce, una fascinación de los sentidos.

Poema 167: Shostakóvich, sinfonía nº5

Shostakóvich, Sinfonía nº5IMG_20180405_200047

La orquesta dividida en grupos

baila al son de sus instrumentos,

cuerdas que crean una melodía

a la que responden los metales viriles:

una conversación instrumental a tres bandas,

contrastes e introducciones solistas,

ora un fagot, ora cuatro trompas,

pizzicatos de violín sostienen la tensión.

 

Lentitud, cúlmenes de plenitud,

las trompetas protagonistas

o el trombón solista contrapunto

de la velocidad que adquiere el conjunto.

 

Música para animar a las masas

o para deleitar a un público entregado;

la potencia del conjunto orquestal

mueve a la sonrisa y a la alegría

despierta las mentes cerradas a la música

contemporánea, abre el espíritu

lo eleva a la bóveda de la inmortalidad.

 

El arpa delicada se asoma a la vorágine

de fuerza instrumental conjunta,

un gong, timbales, la gravedad de los contrabajos,

transporta a un teatro musical,

hace soltar la tensión contenida y concentrada

despeja las nubes mentales de quien lo escucha.

 

Color y fuerza en la dirección,

el vals de los arcos acompasados,

de los hombros delicados de los músicos,

tensa concentración en la partitura,

la voz de mi hijo que susurra

las diferentes claves de cada instrumento,

y el estallido final de fuegos artificiales

de fiesta para los sentidos,

de gozo infinito y liberación total.

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