Poema 702: Granada

Granada

La luz del sur hacía daño a los ojos:

viento, reverberación del Mediterráneo,

el efecto de la claridad tras las oscuras borrascas.

La nieve tuvo que esperar,

atisbada a lo lejos en las cumbres nazaríes

parecía no llegar nunca.

Lorca tenía un paseo en un pueblo recóndito

lleno de versos, de fuentes cantarinas,

de la belleza aún cruda del invierno alpujarreño.

Fugaz fue mi visita al centro que le rinde homenaje,

un momento de soledad tan necesario,

poder caminar deprisa apurando el tiempo:

rutas de fuga, centro de gravedad.

Me sorprendí odiando al lugar y las circunstancias

en el que fue detenido el genio,

toda la ciudad y todas sus gentes por extensión

aunque noventa años después la vida sea diferente

salvo la exaltación y el homenaje que no llega.

Poema 217: Lorca no descansa

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Lorca no descansa en Granada,

la ciudad le da la espalda,

vive para el turismo de la Alhambra.

 

Lorca tiene lectores extranjeros,

lenguas encendidas con sombrero,

hermosas muchachas que le velan

al pie de su centro viajero.

 

Turistas de las tapas admirados,

curiosos de cuentos alhambrinos,

contemplan el fulgor de cada ocaso,

se miran en ojos anodinos.

 

Lorca clama su obra en cada calle,

su vida truncada en cada esquina,

rosal, jardín, naranjo o mandarino,

honda amargura de piel mezquina.

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Poema 216: En los tejados de Granada

En los tejados de GranadaIMG_5326

En los tejados de Granada

hay una gran farsa de ruinas y antenas,

aires acondicionados y tejas desblanquiñadas;

también hay barro, cables, adobes y miradores.

 

Hay restos de construcciones árabes,

lavaderos y callejuelas, el abrigo del viento,

el ladrillo mudéjar.

 

Hay un aire de culpa en la muerte de Lorca.

Granada está colonizada por hordas de cristianos

vencedores, plazas de santos, beatos y conventos,

turistas pelirrojos y escotes de estudiantes aventureras.

 

Hay un centro escondido de Lorca,

tan oscuro como sus sonetos de amor

en esta ciudad volcada en la Alhambra.

 

Hay cuestas y frío y calor.

Pequeñas procesiones familiares y enormes

comandos limpiadores de cera,

limpios sepulcros pulidos en las aceras.

 

En los tejados de Granada refulge el sol

y la nieve de Sierra Nevada.

Granada tiene un aura de ciudad conquistada.

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