
El tiempo de los caminantes
Sin huellas y sin memoria caminan,
siguen las márgenes de un río
o los caminos celestes de la noche,
se sientan a tomar el fresco en poyos
guarecidos del frío y del calor,
escupen huesos de cereza en primavera.
La flor del saúco y la babosa que cruza la vía verde
componen sumando un cuadro de madrugada.
Huele a hierba recién cortada
al despertar de las plantas regadas.
No puedo dejar de escuchar tras el rumor del río
el canto de Batiatto: caminante que vas
Buscando La Paz en el crepúsculo,
La encontrarás fuera de la ciudad.
En los prados de Romañazo suenan las aves
pastan las vacas y el verde intenso penetra en tu piel
con el rocío de la mañana.
El río Balozano ahoga los ladridos lejanos,
camino sobre las antiguas vías del ferrocarril
paso ahora por la trinchera
antaño llena de zarzas y piedras desprendidas.
Ya no hay ovejas en el cordel del Berrocal
solo caminantes y ciclistas,
es el signo de los tiempos de ocio y supervivencia.
Con unas fotos publicadas en el grupo de Facebook
todo el mundo te sitúa de perfil
en un lugar idílico para el paseo a cualquier hora,
comiendo cerezas del árbol.
Hay un nuevo tiempo en el caminar,
tiempo de ocio y de salud,
el individuo se aisla de los otros en pandemia,
alcanza cimas personales y estéticas
redescubre el placer natural de sus antepasados.


