
Máquinas de guerra
Vivimos dos conflictos bélicos mediáticos
en un cul de sac europeo,
noticias, nunca buenas, de avances y destrucción
conflagraciones en las que nadie gana
salvo quienes producen y venden armas
u obtienen réditos políticos.
La obsesión por ignorar las noticias es grande;
aun así, hay en mi subconsciente imágenes,
sonidos, sospechas, precauciones,
la destrucción invisible desde el cielo,
la barbarie de los soldados, ya fieras
sin sujeción ética ni estética, ni normas:
destruir e intimidar, desalojar cruelmente,
dañar, castigar e infligir sufrimiento.
Veo los campos fértiles repletos de cereal y amapolas
e imagino las llanuras ucranias:
las placas solares iguales y móviles
recrean en mi imaginación el Ataque de los Clones.
Los adosados entrevistos al final de un cultivo
simulan un campo de refugiados gazatí
seguramente ya en ruinas, humeante y masacrado
por la abrumadora superioridad tecnológica
del capital sionista-americano.
La belleza de la campiña no oculta el horror bélico
simbolizado por la subcentral eléctrica
y el continuo ruido de fondo del tendido,
superpuesto al canto de los grillos.
