Poema 656: La vida teje su telaraña pacientemente

La vida teje su telaraña pacientemente

La vida teje su telaraña pacientemente,

nubes de humo, trampantojos,

la sensación estética de una alegría efímera,

un proyecto que dura el instante de la sinapsis,

el tiempo necesario para activar alertas ancestrales.

La masa se reúne expectante entre las sombras

de un parque nominalmente desfasado

para observar el enderezamiento del aerostato.

Máxima expectación en el acontecimiento infantil

retardado por la foto del político populista

inflado por el mismo aire caliente

que emana de la barquilla y asciende por la vela.

El cuerpo aún responde y coopera en la resistencia,

fenómenos meteorológicos adversos, fuegos,

esa lluvia ausente en verano apenas atisbada,

un caminar que era placentero y parlanchín

hasta la llegada del silencio y el acecho de la duda.

Aparece la nada para la que no estaba preparado

tras el trasiego generoso de las vacaciones:

océanos y volcanes y todos los paisajes hermosos

y los días en que me ausenté de mí mismo.

Por debajo de la puerta se atisba la sombra del tiempo

predecesores y otras imágenes especulares

otros mundos ocultos e historias ya olvidadas

antes de contemplar la curvatura exacta

de esa carretera por la que conduces.

Poema 319: Achicar

Achicar

“L’enfer c’est les autres”

J. P. Sartre

La vida te mantiene siempre alerta:

un egoísta que no quiere vacunarse,

el negacionista de la pandemia,

un crédulo al que le conviene el error,

todos los compromisos contraídos.

Si un día descansas por obligación,

–enfermedad, placer, agotamiento–

al día siguiente tienes la barcaza medio hundida,

y ahí comienza el achique.

El destino de tu barca es hundirse,

pero la adornas, amplías, embelleces y cuidas,

procuras que no sea fuente de disgustos.

Escribe, escribe, escribe, lee, lee, lee,

entonces el agua ha entrado ya a chorro limpio,

lo sientes en las pantorrillas,

tienes cubos grandes y pequeños,

pero sobre todo necesitas tiempo, tiempo, tiempo.

Cuando el agua aparece por las rodillas

dispones de múltiples recursos:

cubos grandes y pequeños, bombas de achique,

pero también existe la suerte y las ayudas,

otros brazos, un sol que ilumina tus ojos,

una dosis de autoestima que te encandila.

Has aprendido con el tiempo que la barca se hundirá,

pero también que lo más probable es aún no lo haga,

y vives como si no fuera a hundirse,

cuidando de que no se encharque demasiado.

Cada vez hay más boquetes

pero soportas el agua con más estoicismo

disfrutas incluso con la forma de la inundación,

te estás convirtiendo en agua y adoptando sus formas.