Poema 442: En el campo

En el campo

Acudo bajo la llovizna tan excepcional de mayo

a un lugar sagrado en la antigüedad,

territorio de reposo de difuntos,

túmulo observable desde todo el valle.

El lugar me llena de paz y alegría;

aspiro el aroma de las espigas húmedas,

el viento cargado de agua,

la visión magnífica de entre verde y amarillo

que contrasta con el azul metálico –y oscuro–

de un cielo amenazante.

Descanso un instante del ajetreo del día,

del mes, del año.

Imagino a un cazador milenios atrás

hierático, olfateando el viento,

su lanza en ristre, joven y atlético,

atento a cualquier variación del campo visual.

Camino de vuelta por una senda inexistente

horadada por conejos y alimañas;

tras recorrer unos cientos de metros

observo una silueta animal en lo alto del cerro.

Estremecido y alerta corro campo a través,

atajo por entre las espigas

mirando de reojo con cautela.

Mi adrenalina se ha disparado al intuir un cánido,

a buen seguro más asustado que yo.

Llego lleno de barro, pies húmedos y sudando,

al camino conocido, lugar teórico de salvación,

satisfecho y resollando, lleno de vida.

Poema 342: Adrenalina

Adrenalina

Adelanto a dos camiones en la carretera comarcal,

se acerca un coche sin luces,

piso el acelerador todo lo posible,

la sangre entra en mi cabeza a borbotones

expande y amplifica el dolor.

El riesgo es una luz en la monotonía

pienso,

cada vida tiene instantes de lucidez,

los humanos nos expandimos

en contra de todo lo predecible,

la existencia es un hecho dinámico insoslayable.

Cada cual se aferra a toda posibilidad de disfrute

a una individualidad exclusiva

como exclusivos son sus caminos neuronales.

La luz llega de forma inesperada

por incógnitos canales:

un poema, un adelantamiento o un peligro cierto

al adentrarte en el ocaso en un barrio marginal.