El Camello

He pasado de puntillas sobre el año nuevo

rutinas placenteras, dibujos en la arena

un baño ritual en agua helada, cortante,

el tiempo medido para no perecer.

Los cielos crean una paleta de colores pastel

en la bahía donde al fin descubro el camello

roca inmortal desafiante al mar Cantábrico.

Palacetes en el horizonte, viejas moradas

en las que imagino a un Benito envejecido

contemplando los amaneceres mientras pudo,

rememorando sus años con Emilia.

Todo descubrimiento depende del punto de vista,

enfocar desde el lado correcto o inesperado:

aquella juventud erudita y filosófica desnuda

en medio de una noche septembrina

brincando por entre las olas de la exigua playa.

El instante del crepúsculo se eleva en mi deleite

cuál hito memorable dos décadas después,

el tiempo de contemplar y de fijar calmadamente

esa luz y toda esa tormenta dispar de ideas latentes.

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