
Terror
En los silencios donde nadie duerme,
allá donde los lamentos nadie escucha,
en el lugar en que las barcas pasean
barqueros entoldados de ritmo lento
e infinito, hay gritos ahogados
solo aptos para hipoacúsicos inertes.
En medio del sueño, un coro de gritos,
puertas indistinguibles, estética de manicomio,
luz estroboscópica, aullidos, un ritmo
conocido presente en tu cerebro,
heredado de tus ancestros paleolíticos.
Una voz susurra en la madrugada,
ignoras su procedencia, radio automática,
la voz penetra en tu duermevela
exige su presencia en tu cerebro,
dispara alarmas que creías olvidadas.
Y de repente, ya nada suena,
tu cuerpo ha perdido su peso,
ingrávido sientes inmovilidad completa
en tus extremidades; un color
pugna por apoderarse de todos los demás.
Una imagen, una.
Va nublándose, se desenfoca,
pierdes la señal.
Fuera de ti.
