Poema 618: Espectáculo

Espectáculo

El espectáculo turístico de filas de encapuchados

se repite cada año tras la primera luna llena de primavera,

la teatralidad del juego adopta un aire solemne:

obediencia y orden, disciplinas propias y ajenas,

espíritu gregario de la masa que desfila

y enseñoramiento de figurones que van y vienen.

Los capirotes entroncan con una inquisición extinta,

difuminan la individualidad en la masa,

marchan al son de cornetas y tambores.

La religiosidad de cada cofrade se integra en la congregación,

un intento ascético de llegar a un trance rítmico

al difuminar la conciencia individual en el conjunto.

El patrimonio iconográfico fue una inversión exitosa

proyectada en un futuro de siglos:

tallas impecables, colores, una escenografía trágica,

toda la crueldad humana enfocada en un mártir.

Varias proclamas, saetas, cánticos dispares

acompañan a los penitentes en su deambular,

discursos vanos, carentes de contenido real

párrafos virtuosos que una IA lograría en segundos,

alejados de la realidad mundanal sangrienta.

El conjunto escénico mueve la economía turística,

cientos de cámaras apuntan a cada virgen,

cada instante diferencial diurno o nocturno,

cada novedad intercalada para alimentar la llama

en un juego relumbrante de intensa exhibición.

Poema 615: Domingo de Ramos

Domingo de Ramos

Rayos de sol tras la tormenta de anoche,

una borrasca con gran aparato mediático:

nombre masculino.

Anhelo la orfandad de las borrascas.

Los rayos de sol contrastan con el fondo de niebla

en la colina del Barrio Grande.

Los rayos no tienen nombre todavía.

Un coro de pájaros saluda alborozado

la quietud y los reflejos del alba.

Píldoras mínimas de arte o de poesía banal,

en esta quietud de Domingo de Ramos.

Resquicios meteóricos y silencio,

golpes de compás y de mando. Pasos.

Alborozo simbolizado en la borriquilla de cartón piedra,

un recuerdo inmortalizado por una fotografía,

otra luz, otra edad, otras esperanzas.