
Llueve en la mañana de junio
Llueve en la mañana de junio,
los heraldos destructores están llegando;
en apenas un mes
todo el poder se concentrará en el engaño
en mentiras aprovechadas,
en la ruina del pensamiento colectivo.
Vuelve la lógica del mentecato:
igualar a todos en la ignorancia,
sepultar las flores y la sutileza.
En los días infinitos cabe el solsticio,
crece la luna y alguna risa inesperada,
parece que no puedo detenerme
por miedo a que no me guste lo que veo.
Me cuesta mirar con intensidad poética,
me cuesta leer análisis políticos,
incluso en mis fuentes de información más cabales.
Cada uno construye su realidad
en forma de burbuja informativa;
ahora mismo estoy alejado de la masa,
por asepsia y por lógica, por prudencia.
Comprendo la pragmática económica
de los grupos privados mediáticos,
el ansia desmedida de capitalización pública,
el sistemático embeleco de mediocres
elevados a la fama por cualidades vulgares.
Nada nuevo en la cara vista de la Historia,
argucias, estrategias, imposiciones,
hoy más psicológicas que físicas.
Quizás existen inteligentes voces discordantes
a las que recurrir cuando el castillo de naipes
cae sin orden y sin culpabilidad aparente.
Todo es olvido y desmemoria,
destrucción y reconstrucción,
ciclos genéticos ascendentes pese a todo.
