Ajenos

El operario que quema la madera cada mañana
es totalmente ajeno a la alegría
que provoca en mí el fuego en el bidón cortado,
la llamarada en medio de la niebla,
una guía en la ribera del Duero,
un símbolo en el viaje estructurado.
Una señora solitaria lanza piedras a las urracas
que picotean alegremente en la pasarela
para poder pasar por allí,
ajena a que es observada y juzgada como demente
por dos matemáticos corriendo por el canal.
Ajeno era el trompetista que da titulo al blog
cuando en una pradera junto al río Órbigo
interpretó su tractor amarillo,
ensayó su mejor saludo al auditorio natural vacío
y se fue en su Renault ocho derrapando.
Ella, ya entrada en años y carnes, espera,
mascarilla bajada, mirando sin mirar a la pared,
en medio de una calle anodina
a ser recogida por un coche tan verde oliva como ella,
ajena a la mirada del paseante con periódico.
La pareja mundana y atractiva, saluda efusivamente
a sus amigos, en la puerta del bar recién reabierto,
tiempos navideños icónicos,
olvido pandémico y ansia de vivir
conforme a los estándares de éxito evolutivo.
