Poema 408: La herida matemática

La herida matemática

            “En memoria de Agustín,

                  quien siempre será el Divino Raíz de menos uno”

Hacía tiempo que no te veíamos

y ya no te veremos.

Llegó la noticia como un golpe

al pie de una iglesia,

entre la desapacibilidad y la amistad.

Nos ibas contando cada retroceso,

con desarmante entereza,

con las cicatrices al aire,

sin tapujos.

Cuando aparecías transmitías calma,

la serenidad de quien ama mucho la vida

y sabe de su finitud y sus desgracias.

Te recordaremos en aquella obra

como el Divino Raíz de Menos Uno,

entre el humo y el alcohol,

llenos de risa y de vida por delante,

embutidos en matemáticas abstrusas.

Reunidos con aire circunspecto

te homenajeamos con anécdotas, recuerdos,

pequeñas alabanzas que te habrían gustado,

nombres casi ya olvidados,

una pequeña catarsis para los vivos:

la herida matemática,

tu imagen bonachona y amiga

presente en el centro de la vida.

Poema 310: Belleza

Belleza

La belleza es un estado de ánimo,

está por doquier cuando decides mirar

o escuchar o tocar o paladear u oler.

El musgo verde-intenso en la parte norte de los árboles,

el doloroso color naranja de un pino recién cortado,

las aguas revueltas del río Duero de color chocolate

forman un todo capaz de embelesarnos.

Pero también una predicción cumplida es bella.

Y una construcción matemática.

Descubro que hay ojos que se clavan en los míos

al cruzarme con alguien en la calle.

Rostros de mandíbulas incógnitas, todo ojos,

formas de hermosura local.

La belleza es un gráfico favorable.

A veces sobrevive todo el día en unas nubes

capaces de cobrar vida en el ocaso.

Allá donde hay una grieta o una secuencia alterada,

una singularidad o una sorpresa,

allí está el punto de fuga y el concentrador,

el enorme imán que te atrapa para siempre

que hace que trasciendas tus límites humanos.