Día de playa

No hace sol, es un día nublado de agosto.
Los hombres desnudos se mimetizan con la arena.
Hay pocas mujeres.
Con la marea baja puedes caminar decenas de metros
dentro del agua.
De camino a la playa has visto a las vacas tumbadas rumiando.
Una joven con el torso desnudo
trata de hacer malabares con unas mazas.
No lo consigue, es un desastre.
Una pareja en bañador entrecruza sus cuerpos sobre la toalla.
He seguido el planear de dos gaviotas,
una se ha posado en el mar y allí permanece como una boya;
la otra vigila atentamente desde una roca cercana.
Una mujer de apariencia musulmana
desciende los doscientos escalones de acceso a la playa;
se despoja del vestido.
Ya desnuda, se quita con cuidado el pañuelo del cabello.
No hay dos personas iguales. Tampoco dos distintas.
El caracol que viste a la ida ya no está cuando vuelves.
