Poema 407: Campana

Campana

Una campana rasga la noche y el amanecer;

me despierto aún inmerso en la partida de naipes,

cómputos, risa, amistad reencontrada, gin tonics,

el suave río subterráneo que continúa

más de treinta años después.

Los ladrillos perfectamente alineados

denotan solidez robusta,

el color cambiante según la humedad de los días.

Es tiempo de algunas conversaciones

siempre convergentes y no siempre banales.

La campana rememora aquel poema de Zorrilla

en el funeral celebérrimo de Larra,

–Ese vago rumor que rasga el viento…

Corretean los niños, llenan el espacio de vida;

teletransportado a otra edad

resuenan risas y los gritos inocentes.

Un palacio nos reúne en un corrillo erudito:

las impresiones sobre Roma en el siglo primero a.c.,

la victoria de Cayo Mario en Vercelas

y los estertores de la República.

Cortinajes, tapices, cuberterías, relojes dorados

son observados con detenimiento,

imaginamos la vida ampulosa de los monarcas.

Las campanas vuelven a indicar la hora

o el final de la vida de alguien en este pueblo,

mientras amasamos pan

y nos aplicamos a la tarea de sobrevivir.

Poema 150: Bodegas

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La riqueza está bajo tierra,

oculta en bodegas, cubas,

ladrillos para cimbrar los arcos,

laberinto de túneles llenos de barricas.

 

Todo el mundo tenía que saberlo,

generaciones de topos

han excavado madrigueras gigantes,

un mundo subterráneo incógnito.

 

La economía era el vino,

también la alegría y la avaricia,

humo de antorchas y oscuridad,

miles de empleos auxiliares en la comarca.

 

La luz ahora no es buena para la fotografía,

apenas un rincón con punto luminoso,

arcos de ladrillo o arácnidos petrificados,

toneles centenarios ya inservibles.

 

Una ciudad subterránea, monjes,

préstamos, oficios ya desaparecidos,

la Historia comarcal oculta por la autarquía

revisada con los ojos del poeta.

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