Poema 638: Contactos

Contactos

La vida pasa a la velocidad de la amistad,

de los contactos presentes o pasados:

los indicadores de la levedad son invisibles

salvo para el ojo reflexivo de la consciencia.

¿En qué momento se bifurcaron los caminos?

¿Cuánta intimidad depositaste en otra alma?

El cerebro rellena los huecos vitales cortilargos,

traza líneas rectas en los olvidos,

cataloga las ausencias como insignificantes

o dota de gravidez y envergadura

aquella unión mística coincidente en la risa,

en la profundidad introspectiva del diálogo,

mitificando todos los aspectos incógnitos

en busca de un equilibrio imposible en la presencia.

El ritmo de tu vida deja atrás en las aceras

a viandantes tan queridos o admirados o locos como tú

que quisieron demorarse en otras artes,

o cuyas elecciones bifurcaron la comunión de un instante.

Hay presencias impuestas que acceden a un núcleo

de forma temporal o perpetua,

eventualidades, circunstancias, suma de intereses

pero también alianzas óptimas o espurias.

El observador cenital, divinidad o privilegio,

observará una coreografía infiel y evolutiva,

saltos cuánticos, apegos feroces y desengaños,

un lapso veloz de puntos bidimensionales

cuyos dibujos sobre el tapiz terrestre

definen la variedad multiforme de la vida.

Poema 409: La intimidad del poema

La intimidad del poema

Ese instante en el que has recogido la casa,

todo parece ordenado, según tu orden,

sientes que todo está limpio

aunque en un examen profundo haya polvo,

ácaros silenciosos o no,

el momento en el que a través de la ventana

coexiste el ruido de coches con el de pájaros

aún los árboles verdes y la vista

conserva un único acceso al campo como un tesoro.

En ese momento no vas a escribir

como un encargo hecho por ti mismo;

habrás encontrado un hilo o un motivo,

una necesidad expresiva en tu interior.

La intimidad del poema que escribirás

solo se mostrará según se vayan decantando

los versos,

las palabras, la uniformidad temática,

el ansia de todos los pensamientos que se agolpan.

Esa llamada inspiración puede surgir de otro poema,

o de una luz, una música, una soledad,

un estado emocional sensible a cualquier estímulo:

aprovecha el momento, parece decir tu otro yo.

Has encontrado quizá la forma de construir un poema

con ladrillos que has recopilado de aquí y de allá.

Después lo revisas y lees y relees,

pules esto y aquello, tomas decisiones,

evitas repeticiones y buscas sinónimos.

Una vez fuiste impresionista y otra adoraste las elipsis,

durante un tiempo hubo guerra en tus poemas,

la geometría que nunca te abandona.

Se podrán clasificar, –te dijo una voz íntima–,

en tres o cuatro temáticas,

sentiste entonces el corsé autoimpuesto

o la limitación de tu entendimiento poético,

pero no por eso desististe o aminoraste

el celo poético, el cauce de ideas manidas.

Te despides del poema como aquella pastilla de luz,

o el vago rumor de una campana que aquí no escuchas,

sin capacidad real de verlo en perspectiva.

Poema 402: La cara oculta

La cara oculta

Pretendidamente nos suministran

Píldoras de información innecesaria:

un documental te abre levemente los ojos

y entonces el engaño se manifiesta nítido.

Corrupción, comisiones, poder económico,

simpatías o antipatías personales,

muchas amantes, lujo deslumbrante,

¿carnalidad o intimidad beneficiosa?

La carga emocional solo puede vislumbrarse,

celos, espías, toda la maquinaria del estado

frente al apetito sin medida del monarca,

sin noticias de la cara oculta de la luna.

En el foco de los difamadores profesionales

todo se amplifica y distorsiona:

escritorio con fondo de biblioteca noble,

sentados ante una mesa de enorme dignidad

aseveran sin tapujos su verdad alcanzada.

Consejos, sentimientos, opinión pública, grabaciones:

primero impunidad,

luego extorsión sellada con dinero comunal,

la complicación del enjambre humano,

enfermedad y agotamiento regio.

Tengo la sensación de haber observado

el reverso oculto de la Historia,

decenas de puntos conocidos

unidos por hilos incógnitos de lógica aplastante.

La comunicación es un trampantojo

de gran belleza narrativa,

una estabilidad necesaria y reputada,

un agar nutritivo para la cohesión social humana.

Poema 387: Una noche tras otra

Una noche tras otra

Una noche tras otra, en la penumbra de mi habitación,

bajo la luz íntima de una lámpara,

leía un capítulo del Quijote.

Tenía veinte años y diversificaba el tiempo en muchas cosas.

He recordado ahora aquellas noches con nostalgia,

lleno entonces de incertidumbres sobre la vida misma,

sin atreverme a atisbar el futuro,

disfrutando de la lectura como si fuera un placer prohibido.

Cada instante de soledad se convierte ahora en un íntimo lugar,

espectáculo, magia, la posibilidad de escribir o leer

o escuchar canciones que me transportan a otra época.

Un cuaderno, unas líneas oscuras, el aura de la soledad sonora;

la ambientación cobra suma importancia,

más de la que tiene en realidad, o la que tendría a los ojos ajenos.

Ese es parte de mi alimento, de la consolidación del buen humor,

de la relativización de los problemas que no suelen ser tales.

Después vinieron muchos libros cómplices,

algunos por el lugar en el que eran abiertos sistemáticamente,

otros por su contenido perturbador:

Flores del año mil y pico de ave, en Creta,

El cielo a medio hacer en el otoño de Liencres,

o mi primer Saramago, Memorial del Convento, en La Bañeza.

Una noche tras otra encontré caminos en la lectura

y el inmenso placer en la escritura oculta que apenas nadie leerá.