Poema 673: Danza Volandera

Danza Volandera

La danza que provoca el viento en las hojas

nos conduce irreversiblemente al invierno.

El sol de San Andrés tras la lluvia de ayer

es un trampantojo, un falso decorado

en un mundo que asume la esclavitud:

omnipotencia de la riqueza sobre las personas.

Las conversaciones durante la celebración

del falso santón matemático Bourbaki

aún colean en la mente de los verbeneros:

efervescencia juvenil en las aulas,

jornadas eternas de trabajo incipiente,

el lenguaje reestructurador de cerebros

o recuerdos de un viaje remoto y dudoso.

La noche es patrimonio de los patines eléctricos,

la juventud marginal cambiando el rumbo,

la fuerza inveterada de los aspirantes al trono,

capaz de reorientar gobiernos empero no poderes.

El mismo viento volandero revuelve las nubes,

las condena a un infierno de colores en el ocaso,

un horizonte que atrapa la vista y te engulle.

Poema 377: Monteverdi

Monteverdi

Anima el coro al insatisfecho Orfeo

en un descenso a los infiernos bellísimo:

el jolgorio inicial de desenfreno y juventud

ha pasado,

todos los instrumentos anuncian la fiesta

en una alegría medieval inconsciente

llena de ritmo y felicidad.

Puedo enfocar mis sentidos en la música

y en la fábula

pero me faltan todos los detalles sobre la pareja,

¿cómo era su amor?

¿reían en su vida cotidiana?

¿eran generosos en caricias y dispensas amorosas?

Sin duda es la falta de goce y disfrute de enamorado

lo que lleva a Orfeo al Averno,

le insufla energía, le inflama,

hace que desee a Eurídice de forma ciega e inconsciente.

La música es el camino y la salvación

en esos días aciagos en que todo se tuerce

en que no quieres escuchar palabras ni erudición:

permaneces quieto, camuflado, vulnerable

al viento, a las olas, a la cólera que nadie te enseñó,

mientras se abren las puertas del infierno

e inicias tu propia catábasis.