Poema 580: La huella no obedece

La huella no obedece

He perdido la consciencia de los sucesos

de la pura velocidad vital de los tiempos:

la virtualidad me lleva a más,

a rozar si acaso cierta perfección,

abundar aquí y allá en los placeres:

cine, lecturas múltiples en múltiples capas,

superficialidad, sueños desiguales.

Abro mi ordenador,

–la huella no obedece–

elijo una de las variadas posibilidades,

un instante de escritura automática,

una profunda opinión sobre lo que me desconcierta,

o la tendencia del momento.

Leo una crítica devastadora de Cien Años de Soledad

adaptada a la plataforma de las plataformas;

al escritor, –hedonista holístico–,

eso le lleva a la lectura estocástica del nobel,

una vez más, una aleatoriedad en un libro aleatorio.

 A mí me lleva a ver la serie, a retazos, a mi manera;

aprecio la música, el arte, los encuadres, la actuación.

He conseguido alejar esta obra de la narrada.

Aquí está el deseo, la magia, las apariciones

y de cuando en cuando el texto en off

capaz de erizar el vello de los antebrazos.

Macondo y sus chozas originales, el hielo

y todos los Buendía dispuestos a ofrecer belleza,

con independencia del imaginario de cada cual.

El mundo veloz en la huella de tu dedo anular.

Poema 470: Restos de poemas

Restos de poemas

Ya no amanece durante el viaje,

la lluvia se ha instalado en lo cotidiano,

esa sensación de fugacidad permanece:

cada evento se anuncia y llega y se olvida

a imagen y semejanza del noticiario

elaborado según intereses económicos

que solemos pasar por alto.

Los balances de los bancos son escandalosos:

cincuenta millones diarios,

contrapuntados por vagabundos en los cajeros

mientras se discuten migajas en horarios laborales.

La mancha que cada uno deja, –Philip Roth dixit–,

es proporcional a su deshumanización:

cadáveres, guerras, xenofobia, ignorancia,

las plagas bíblicas actualizadas.

El aprendizaje es una luz, una lucha, una oposición,

cada cual lo comprende con intensidad diferente,

belleza, angustia, la agonía de los días, la edad,

esa felicidad que duró un verano inconsciente.

Se multiplican las protestas y han perdido el relato,

pero el pueblo elegido por su dios ataca,

se venga y la vergüenza política es tal

que hay que ocultarla con miles de muertos.

Llega el otoño con la lluvia, colorean los árboles,

viento, agua en los ríos, la comodidad del hogar

para los afortunados primermundistas.

Siempre hay dudas, resquicios e incomodidades,

esas que se silencian en nuestra imagen externa,

la lucha diaria por renovarnos, por soportarnos.

En la mirada está la clave del relato,

también en los silencios y los benditos recuerdos,

en el papel estelar o miserable que cada uno se otorga.

La psicología acabará por revelar los mejores hábitos.