Poema 701: Naranja

Naranja

Amanece un día más, lluvioso

en esta estación de inundaciones y frío

de ríos teñidos por el color terroso

de un clarinete que escala notas

desde la gravedad más absoluta

hasta cimas mozartianas de alegría.

En un instante el semáforo naranja

decide el fin de la noche,

literario, poético, musical,

la bicicleta asediada por los coches,

el espejo-asfalto cual discoteca lumínica.

El semáforo es un efímero indicador

de la suerte con que arranca la jornada,

un consenso social raramente burlado,

el orden que permanece noche y día

incluso en los días vacíos del confinamiento.

La belleza captada en esa luz intermedia

aturdida por los motores de combustión,

prolongación y elongación del saludo

bajo el paraguas protector

de los dos caminantes fraternos

que se dirigen con paso apresurado al colegio.

El leiv-motiv del poema-luz inocuo

refulge entre la maraña de noticias nefastas

ofuscadoras del día de la radio.