Poema 624: Murmullos

Murmullos

Sorteo la lluvia en vuelo rodante

sobre calles abandonadas,

apoyo eléctrico inestable e inevitable.

La cita abre un hueco en el espacio-tiempo,

murmullos,

conversación de inteligencia simulada,

conceptos y redes neuronales,

pesos y aleatoriedad

en medio de íntimas anécdotas.

Concatenación azarosa e improductiva

de pensamientos tecnológicos,

la lluvia tan predecible

o el problema resuelto al eliminar los sesgos.

El murciélago con el viento de cara

pedalea evitando las grandes avenidas,

se retrae en su guarida

reposo de ideas, de lecturas antiguas

busca voces divergentes

sestea y tira del hilo finísimo de una provocación.

Los murmullos sobre el intelecto

se han acoplado en una onda formidable:

velocidad de pensamiento, sustancias,

la consciencia del relleno orientado del raciocinio.

Los ojos tan brillantes tenían prisa

habían apurado la intensidad de la tarde

dejando tras de sí un deseo de continuidad

de más palabras, de nuevas ideas armonizadas.

Poema 454: Todas las vivencias

Todas las vivencias

Todas las vivencias se mezclan

en una nube que presiona el embudo

de las sensaciones, recuerdos, olvidos.

Ya no escribo por una imagen, foto,

detalle observado en el paseo anodino:

hay un momento en el que afino palabras,

ideas, sorpresas comunicativas,

un enfoque total de los sentidos.

Resulta un poema descriptivo,

flujo de conciencia, suma de detalles,

elevarse un instante del peso corporal

para hacer una toma en picado.

Así el miedo en el ascenso de caracol

por una escalera exterior altísima,

o las luces rojas incógnitas en la anarquía

en una noche de exploración de límites,

son hilos futuros de una aleación fuerte.

Tras la vorágine cognitiva y deductiva del viaje,

amanecen días de estabilización y calma,

instantes furtivos de ojos inquietos,

conversaciones, y el pulso narrativo

fijado aquí y allá entre un café y una cerveza.

Aprendo a contar sucintamente

dependiendo del interés, –normalmente escaso–,

del interlocutor.

Las luces se encienden en relación con los rostros

o se difuminan tras un elevado cacareo,

efecto de recencia que eleva el poema

para que se pierda entre las estrellas de la noche.

La conversación poética posee medida cero,

algo que conozco desde siempre:

preciosas singularidades perdidas entre el gentío,

la montaña rusa de la motivación,

el pálpito alegre de una mañana inspirada

o los minutos robados a la vista,

desde las ruinas taumatúrgicas, –vello de punta–,

de una fortaleza árabe enorme.

El placer de contar y ser escuchado,

la maleabilidad de las sensaciones

dejan un peso gravitatorio de lento metabolismo.

Los viajes narrados al desgaire.