Poema 179: Desnudo

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Sale el sol entre las crestas del Pinajarro,

camino aún medio dormido

entre el olor de las huertas que despiertan.

 

La piedra Rosetta está rodeada de turistas,

es un símbolo que nada dice al no iniciado,

como si poseyera un poder mágico al tocarla.

 

Asciendo por un paisaje que podría enumerar dormido,

albergue, piscifactoría, presa, casa de Marinejo,

casa de la luz, treinta y tres revueltas,

el canal siempre lleno de moscas y un paisaje inabarcable.

 

La cabeza de Ramsés Segundo, majestuosa

preside una sala llena de tesoros egipcios,

la multitud tiraría de las vendas de cada momia,

querría saber qué hay debajo, destruyendo el objeto

de tres milenios de antigüedad.

 

Los ojos avizores desentrañan riadas,

un nuevo puente de madera,

la vegetación recién segada junto al canal vacío;

asciendo el tramo final para encontrar la Chorrera

carismático salto de agua de quince metros de altura

tal y como corresponde a un año lluvioso.

 

El Moais de la isla de Pascua impone por su tamaño,

¿Cuál era el misterio que albergaba esa estatua?

¿Cuánto poder otorgaba a su constructor?

Las formas sencillas de la piedra conmueven a la masa.

 

Desnudo me baño en la charca helada de la montaña,

mi cuerpo ya no es joven en la encrucijada vital,

sopla una brisa cálida que asciende por el cañón,

seca la piel y la ropa;

sentado en la postura del loto, mi vista se maravilla.

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Poema 128: Caminante

Caminante

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Huyes de la ciudad a un pueblo lleno de gente,

paseo, luz, calor, ruidos de aglomeración;

buscas caminar por la montaña,

sigues el curso del río,

piedras, sonido continuo,

algunas cascadas minúsculas anuncian sequía.

 

El ruido del agua te serena,

tomas asiento en una piedra conocida,

revisas tu vida, tus pasos, tu alienación,

la nube penosa que a veces te envuelve

y te hace llover con dolor, con resignación.

 

En el bosque hay un túnel arbóreo que alberga el sendero,

lo sigues, siempre piensas quién lo habrá abierto,

cuántos años lleva en uso ininterrumpido,

qué vidas fenecidas transitaron por allí.

 

De la gran Chorrera no cae tanta agua,

aun así es un espectáculo precioso,

frío, verde y azul y blanco;

un año más has llegado, como cientos,

quizás miles de turistas que lo hacen cada verano.

 

Dan ganas de desnudarse y sumergirse en la poza,

horadada con paciencia hora a hora, día a día;

meditas allí sentado y por tu imaginación

cruzan destellos brillantes de cumbres olvidadas,

secretos que has olvidado para siempre.

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Poema 92: Extravío

                            Extravío img_20160809_091432

Corre el agua por las regueras de la montaña,

unos hortelanos se afanan con sus azadas,

respiras hondo la humedad cargada de olor

a la tierra, al aroma que ofrecen las plantas.


Caminas con tu palo de contera de acero,

imperturbable, todo lo observas:

el cauce cantarín del río subalterno,

las huellas del ganado en el centro del camino.


Una voz, un grito lejano, aguzas el oído,

calma, el aire prístino tras la lluvia

es un excelente conductor, recuerdas

el pitido de un tren en tus años de infancia.


Te acercas al lugar mágico del cruce de cañadas,

asciendes entre zarzas y espinos,

noventa varas reducidas a una senda retorcida,

buscas la piedra, el ara de las vistas mágicas.


El valle se abre hasta el pantano neuroniforme,

verde y azul partidos por la cremallera

de la autovía de la Plata; ¿Cuántos pastores

dominaron desde aquí el amanecer?


Al descender escuchas de nuevo la llamada:

Filo, Tilo, Milo, piensas en un perrillo extraviado;

el golpe seco en el prado de al lado

te distrae un instante del perro perdido.


Dos machos cabríos chocan su cornamenta

una y otra vez, agachan la testuz, embisten;

es un espectáculo digno de un documental

somnífero, de sobremesa en la dos.


Al fin el dueño del grito me alcanza:

-¿has visto un perrillo blanco chiquinino?-

lleva horas buscándolo, al grito, al silbo,

mas no debe haber venido por este camino.


Lo sigues, camina a paso rápido y eficaz;

adaptas tu ritmo al suyo. Preocupado,

desilusionado vuelve a casa,

baraja todo tipo de infortunios para el can.


-Papá, Milo ha vuelto, él solito-

el padre endereza su cuerpo, quizás sonríe,

el niño de ocho años lo abraza,

franquean juntos la verja de su casa.

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