Poema 529: Días de calma

Días de calma

Mis hijos están disfrutando de vacaciones

lejos de sus padres,

un pequeño vacío y mucha comodidad

en estos días de gran carga laboral.

A veces me alejo de la mirada poética

otros días enfoco en ciertos problemas matemáticos,

una novela leída en sus tres cuartas partes,

el asunto de un libro melancólico sobre el trance

o los patrones musicales de Arvo Pärt.

La vida es también estos momentos no estelares,

los intersticios entre eventos planificados

de gran resonancia mental y alto prestigio,

el paseo en bicicleta bajo el calor que ignoro.

Cuando nada pasa, al fin llega a mi mente

la óptima solución que oscilaba incierta,

el anhelo oculto, los recuerdos más rutilantes

de este año veinticuatro que hemos mediado.

Sentarme en un banco a leer o conversar

es un placer que se fija en la memoria,

el sólido afianzar de los momentos despreocupados,

la mitificación de los días en calma.

Poema 362: Pino guía

Pino guía

Cuando el pino guía cayó, todo el bosque quedó amenazado,

nació en torno a su tocón un suave césped,

ya no existe proa en la nave arbolada

y los siete grados bajo cero penetran sin resistencia.

Sin embargo los demás pinos se han fortalecido,

las leyendas en torno al gran timonel han cesado

el tiempo de los héroes es ahora colectivo

y la cantidad de madera del bosque ha aumentado.

Los tablones extraídos del paladín forman parte de una mesa

en la que se sienta el hombre capitalista,

orondo, calvo y vestido de negro de las viñetas de Forges,

una metáfora de la opulencia.

El espíritu del pino ha saltado a este poema,

desde la visión fugaz del conductor cada mañana

el espíritu predispuesto por las Beatitudes de Arvo Pärt

y la mirada poética que nunca cesa.

Poema 361: El árbol seco

El árbol seco

Miro sin cuidado ninguno la escarcha de la helada;

presto más atención a la luna creciente de las cuatro de la tarde.

Me sorprende esa niebla densa que conduciendo

me hace sonreír mientras avanzo hacia el trabajo.

Arvo Pärt me pone triste:

demasiada belleza roza mis nervios expuestos.

Los nueve discos de The Collection van a ser un desierto de tristeza.

Y todo lo mediatizan ojos y risas.

Un mediodía soleado por el que discurre un sendero

hacia el majestuoso árbol seco lleno de pájaros.

Algunas rutinas me proporcionan sensación de continuidad,

días que pueden repetirse hasta el infinito, iguales y distintos:

las tierras de la falda de la montaña, el río apenas entrevisto,

el fuego domesticado dentro de un bidón.

Dentro de unos años los lugares que ahora me son familiares

serán extraños, sonreiré de camino a otra parte:

niebla o mar, o niebla marina o el sol que crea espejismos,

un campo gótico o una tierra entreverada de ríos.

Debería singularizar cada instante, darle máxima importancia,

abrir los ojos, los oídos, absorber todo con mucha concentración,

en ningún caso dejar pasar el tiempo o renegar de alguna acción.

El ruido de las motos de fondo es molesto en la noche,

y sin embargo el campamento motero me llenó de fantasía:

hogueras, fraternidad, amor, cuentos en el alcohol noctámbulo,

cómo combatir los seis grados bajo cero en una tienda de lona.

He leído una magnífica entrevista llena del deseo de la edad,

la sabiduría del éxito y la fluidez escritora,

un modelo de mujer para seguir creyendo en la igualdad.