
Desolación
“Caminamos, pero no encontramos la ola
al fondo de las negras alamedas”
Gisèle Prassinos
El paisaje no es lunar, ni siquiera baldío,
es la desolación interior, negra negrura
arrasada por el fuego.
Tantas veces se habrá repetido:
volcanes, fuego llevado por el rayo
más tarde domesticado e imprescindible.
Al contemplar las cimas arrasadas
mi optimismo utópico me susurra regeneración,
ciclos, fertilidad de la tierra carbonizada.
Habrán de pasar lustros y guerras externas,
la voluntad de las personas que habitan esa tierra,
miles de senderistas de mirada poética
para que plantas y animales se posesionen
de la tierra del fuego.
El ánimo del viajero se estremece,
piornos carbonizados, abetos y pinos oscuros
que ya no verdearán nunca, ausencia animal,
el viento que no tiene donde esconderse.
Cuesta imaginar las llamaradas descontroladas
el ruido al crepitar el combustible vegetal
y el tropel animal tratando de huir desesperadamente.
Cuesta imaginar drones en la noche vomitando fuego.
