No hay nada sobre lo que escribir

No hay nada sobre lo que escribir,

ni siquiera las dos estúpidas invasiones conocidas

ni las múltiples guerras silenciadas.

No puedo escribir sobre violencia

porque incita a la violencia

o sobre la crueldad de la vida para muchos

desde mi atalaya confortable de acomodado burgués.

La mentira rampante apoyada en datos discretos

no me proporciona temas agradables:

da igual lo que digan los estultos y mentecatos

ni quien los represente,

serán votados ampliamente por múltiples iluminados.

Nada conmueve ni ilusiona cuando todo funciona,

parece que gobiernan bien en la bonanza

hasta que el fuego o una DANA los dejan desnudos.

Nada hay significativo en la coordinación y el compromiso

o en los consensos retorcidos y ensamblados

aceptados a regañadientes por las partes:

la persona no muerde al perro, ni la sangre llega al río

ese que anega su cauce histórico invadido.

La máquina social funciona, aunque nos lleve al abismo,

los sesgos nos engañan y protegen

fomentan una individualidad ahistórica

en tiempo de posibilidades tecnológicas infinitas.

El color lo has encontrado en un verso de Ajmátova:

–Por un instante de calma / daría la paz eterna–.

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