
Granada
La luz del sur hacía daño a los ojos:
viento, reverberación del Mediterráneo,
el efecto de la claridad tras las oscuras borrascas.
La nieve tuvo que esperar,
atisbada a lo lejos en las cumbres nazaríes
parecía no llegar nunca.
Lorca tenía un paseo en un pueblo recóndito
lleno de versos, de fuentes cantarinas,
de la belleza aún cruda del invierno alpujarreño.
Fugaz fue mi visita al centro que le rinde homenaje,
un momento de soledad tan necesario,
poder caminar deprisa apurando el tiempo:
rutas de fuga, centro de gravedad.
Me sorprendí odiando al lugar y las circunstancias
en el que fue detenido el genio,
toda la ciudad y todas sus gentes por extensión
aunque noventa años después la vida sea diferente
salvo la exaltación y el homenaje que no llega.
