
Casa a medio hacer
La casa está a medio hacer,
un trampantojo, un monumento abierto,
colorido, sin parte de atrás,
está inclinada y fue un monumento al cine,
ese que entró en tantos proyectos
y continúa deslavazadamente a trompicones.
La ciudad de cine se desvanece,
nunca fue tal, –esa era mi tesis–,
la SEMINCI fue un oasis cultural en la dictadura,
un desgajarse de la Semana Santa,
una prolongación turística de honda religiosidad.
La escultura de Oppenheim está descuidada,
nadie reparó los plásticos de la base,
algunas piedras de desalmados han dejado secuelas,
necesitaría limpieza y restauración.
Detrás de los prunos floridos, la vista es magnífica,
alegra el ánimo en medio del bulevar,
es un Guggenheim a pequeña escala,
arte para sortear los grises días castellanos.
