Desnudo
Sale el sol entre las crestas del Pinajarro,
camino aún medio dormido
entre el olor de las huertas que despiertan.
La piedra Rosetta está rodeada de turistas,
es un símbolo que nada dice al no iniciado,
como si poseyera un poder mágico al tocarla.
Asciendo por un paisaje que podría enumerar dormido,
albergue, piscifactoría, presa, casa de Marinejo,
casa de la luz, treinta y tres revueltas,
el canal siempre lleno de moscas y un paisaje inabarcable.
La cabeza de Ramsés Segundo, majestuosa
preside una sala llena de tesoros egipcios,
la multitud tiraría de las vendas de cada momia,
querría saber qué hay debajo, destruyendo el objeto
de tres milenios de antigüedad.
Los ojos avizores desentrañan riadas,
un nuevo puente de madera,
la vegetación recién segada junto al canal vacío;
asciendo el tramo final para encontrar la Chorrera
carismático salto de agua de quince metros de altura
tal y como corresponde a un año lluvioso.
El Moais de la isla de Pascua impone por su tamaño,
¿Cuál era el misterio que albergaba esa estatua?
¿Cuánto poder otorgaba a su constructor?
Las formas sencillas de la piedra conmueven a la masa.
Desnudo me baño en la charca helada de la montaña,
mi cuerpo ya no es joven en la encrucijada vital,
sopla una brisa cálida que asciende por el cañón,
seca la piel y la ropa;
sentado en la postura del loto, mi vista se maravilla.

MUY BUENO
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