Shostakóvich, Sinfonía nº5IMG_20180405_200047

La orquesta dividida en grupos

baila al son de sus instrumentos,

cuerdas que crean una melodía

a la que responden los metales viriles:

una conversación instrumental a tres bandas,

contrastes e introducciones solistas,

ora un fagot, ora cuatro trompas,

pizzicatos de violín sostienen la tensión.

 

Lentitud, cúlmenes de plenitud,

las trompetas protagonistas

o el trombón solista contrapunto

de la velocidad que adquiere el conjunto.

 

Música para animar a las masas

o para deleitar a un público entregado;

la potencia del conjunto orquestal

mueve a la sonrisa y a la alegría

despierta las mentes cerradas a la música

contemporánea, abre el espíritu

lo eleva a la bóveda de la inmortalidad.

 

El arpa delicada se asoma a la vorágine

de fuerza instrumental conjunta,

un gong, timbales, la gravedad de los contrabajos,

transporta a un teatro musical,

hace soltar la tensión contenida y concentrada

despeja las nubes mentales de quien lo escucha.

 

Color y fuerza en la dirección,

el vals de los arcos acompasados,

de los hombros delicados de los músicos,

tensa concentración en la partitura,

la voz de mi hijo que susurra

las diferentes claves de cada instrumento,

y el estallido final de fuegos artificiales

de fiesta para los sentidos,

de gozo infinito y liberación total.

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