Belleza
Soy muy afortunado,
veo belleza por doquier,
incluso la que no quisiera ver
aquella que me incomoda:
la suciedad y el brillo
en los ojos de un niño refugiado,
el rostro exánime de un anciano,
una ondulación grasienta en un charco.
El liquen en los árboles
de un país de lluvia, junto a un río
me llena los ojos del verde intenso
que no captan las cámaras fotográficas.
El cielo lleno de nubes
con formas caprichosas,
la luz que juega con los colores,
el esplendor del ocaso, ahí está
toda la belleza vital.
Me siento débil corriendo hoy,
pienso que una ráfaga de viento
podría derribarme,
en esa vulnerabilidad hay hermosura,
una extrema sensibilidad alerta.
Bello es el inhóspito paisaje del invierno,
la flor rosada que apenas brota de un ciruelo,
el silencio inusual de los coches en la calle,
el baile de despedida de mi hija en la ventana
cuando empiezo a correr.
