Poema 649: El árbol solitario

El árbol solitario

El árbol cumple una función social,

un rito iniciático en el umbral adolescente.

Puede observarse desde toda la garganta,

majestuoso y aislado, el gran roble resiste

generación tras generación a la intemperie

de esta tremenda amplitud térmica.

El ascenso fotográfico lo homenajea

como el medallón de madera que lo nomina:

fechas pirograbadas para la posteridad.

La columna de caminantes serpentea

durante kilómetros, sudor y sed y resistencia.

Cada cuál narra su anécdota, las rencillas del agua,

pueblos colindantes que se odian,

un asesinato machista terrible en el valle,

o la saturación de establecimientos turísticos.

El crimen propició algunas denuncias,

quiero creer que modificó sensibilidades,

quizás estableció una alerta social antes inexistente.

La llegada al árbol produjo revuelo tecnológico,

móviles, retratos, posados, encuadres y perspectivas.

El descanso en el punto cumbre del ascenso

fue aprovechado por la rapsoda incontinente verbal

para colocar el poema Caminante no hay camino.

No hubo abrazos al árbol, ni la intimidad de una oración;

comenzó el largo descenso por la Garganta Buitrera.

Poema 647: La montaña

La montaña

El ascenso exige fuerza de voluntad,

madrugar para evitar el calor seco y extremo,

caminar siguiendo el instinto ascendente.

La ruta ofrece imágenes impagables

y algunas incomodidades:

castaños centenarios, hierbas aromáticas,

moscas que buscan tus ojos en la zona de robles,

el espacio enorme abierto de la llanura

en la que se espejea el embalse de Gabriel y Galán.

Al fondo se divisa el humo del incendio hurdano

ya controlado, pero aún activo y desolador.

Observas árboles huecos y otros reventados por el rayo,

aves canoras, musgos y líquenes, un arroyo cantarín:

ya has estado aquí antes y los paisajes se van desvelando

como una fórmula matemática que vas escrutando paso a paso.

Divisas a lo lejos un enorme saliente de roca

es el punto culmen del viaje porque es hora de regresar;

te fotografías con retardo de diez segundos

cual caminante sobre el mar de nubes en ausencia de estas.

Los tiempos han cambiado,

Caspar David Friedrich no te pintaría con palo de castaño,

pantalón corto y gorra de pandillero juvenil.

El descenso lo realizas trotando para minimizar el tiempo,

como una divinidad que desciende del monte sagrado

antes de comprar el pan y unos tomates para el almuerzo.

La aventura matinal se ha consumado antes del cenit solar,

comienza el resto del día en esta tierra extrema.

Poema 227: Montañas mágicas

Montañas mágicasIMG_20190808_131952

Camino entre castaños y moscas,

la umbría de la pista forestal,

nombres míticos, referencias,

un arsenal de recuerdos superpuestos.

 

Deseo ver el bosque en primavera,

el bosque en otoño,

las castañas fuera de su cápsula espinosa,

el agua corriendo por laderas y barrancos.

 

Veo prados abandonados, frutales olvidados,

terrazas y chozos fuera de uso,

apenas un sendero abierto por los caminantes,

la subsistencia de generaciones ya desatendida.

 

Hoy hollan los caminos los turistas ávidos

de experiencias diferentes, de belleza

de fauna y flora, de los juegos de la luz

bajo el bosque-galería antes de la calbotá.

 

El otoño mágico cuelga carteles,

vende experiencias visuales, olfativas, auditivas,

rescata caminos y rutas ancestrales,

reinventa la luz mágica de la montaña milenaria.

IMG_20190808_143432