Poema 436: Soledad

Soledad

Non, je ne suis jamais seul

avec ma solitude

                        Georges Moustaki

La soledad hay que cuidarla y trabajarla,

darle una salida,

alfombra roja llena de flashes,

destellos de belleza y amor.

Hay que pintarla de colores hermosos,

llenarla de cantos de pájaros en primavera,

de nubes irisadas, de arrebol.

Toda una vida cuidando la soledad,

mínimos destierros, sonrisas en el espejo,

el ánimo vulnerable protegido por la infantería,

los caminos aleatorios rebosantes de amapolas,

el detalle nimio de una planta olorosa,

y esa presencia de sosquín en las redes sociales.

A veces te alcanza cuando no la deseas

y conjurarla es un arte innoble,

una cocina desordenada y sucia,

ausencia sinfónica de ruidos amigos.

Será, –como dice Moustaki–, tu última compañía,

la que regará tus desiertos

y volverá la noche confortable y placentera,

la presencia ausente de errores y recuerdos,

dulce compañía rebosante de felicidad.

Poema 301: Ola de frío

Ola de frío

El Papá Noel hinchable de la puerta del chino

se inclina con el viento del norte

llegan aires de nieve, la primera borrasca del invierno,

una pátina gélida que cubre las calles desiertas

por la pandemia y el toque de queda.

Centros comerciales cerrados, bares cerrados,

los mismos imbéciles desafiando las normas;

los más listos, los que tienen derecho a todo

a cambio de nada

llevan la mascarilla a modo de disfraz.

Llevo una vida modélica en las redes sociales,

blanca, atractiva, bella,

basada en dotar de continuidad a instantes hermosos,

a no pensar demasiado ni ser extremista:

hoy he fotografiado el ocaso, ayer el frío matinal.

Puedo sostener ideas e intuiciones,

transmitir una opinión creada por fuentes matemáticas,

entender que el frío en estas fechas y latitudes

siempre existió

pero ahora sorprende por su salto en el registro térmico.

Me equivoco y apuesto y me sigo equivocando,

soberbio, tiendo a pensar que son errores corregibles

en el largo plazo,

fallas de un sistema de pensamiento elevado pero no perfecto,

la razón de la sinrazón de una vida gélida de estudio.

El Papá Noel hinchable del chino, al que desprecio,

me da una lección de humildad:

soporta el frío, la pandemia, a los imbéciles que beben Monster

mucho mejor que yo,

renegado por la correlación entre costumbre y contagio.