Poema 592: Bufones del mundo

Bufones del mundo

Los bufones del mundo han emergido,

siempre han estado ahí,

a veces avergonzados por su propia ignorancia,

otras, sujetos por la masa convencional.

Cíclicamente salen del círculo

hostigan e instigan,

asaltan todo el cuadrante de la estupidez

–según Cipolla–.

Machos exploradores de su adrenalina,

sin atender a las consecuencias previsibles,

simplificadores de toda idea elaborada.

Sin complejos transitan entre seguidores ridículos,

aquellos más manipulables

desfavorecidos por la inteligencia y el esfuerzo,

merodeadores del sistema en busca de fallas.

Su infame síntesis suele destruirlo todo:

para renacer de sus cenizas cual ave Fénix

te dirán los más avezados ideólogos,

una huida hacia delante nefasta y lúgubre,

purificadora, dirán ellos.

Lustros de inteligencia histórica y experiencia

han permitido sofrenar la pomposidad necia,

contener democráticamente las ocurrencias,

los delirios y el expansionismo de los privilegiados.

Sin embargo, el riesgo existe y aumenta:

eventual reacción en cadena según las circunstancias,

cúmulo de insatisfacciones globales,

inadmisión de resultados adversos.

El mundo está jugando con el fuego destructor.

Poema 371: Las bicicletas no pueden con los patines eléctricos

Las bicicletas no pueden con los patines eléctricos

Las bicicletas no pueden con los patines eléctricos,

el esfuerzo frente a la pasividad veloz,

quizás el almacenamiento o la prisa.

Así es la vida y así fue siempre, comodidad de muchos

frente a unos irreductibles románticos,

una especie humana que se hace masa

para invadir supermercados ante la mínima brisa,

estulticia de quienes eligen populistas

o escuchan relatos simplificados al máximo.

El bulto sustituye a los detalles y el grosor a la sutileza,

la fuerza tremenda de las alianzas en la miseria

pueden hacer tambalearse el sistema,

más frágil en apariencia que la robusta presencia

comercial que lo sustenta.

En estos días desapacibles de calima y viento,

en los que la luz grisácea iguala las calles,

la virtud pasa desapercibida entre el camuflaje

teórico y verbal de quien todo ignora:

la excelsa cultura, el esfuerzo y la palabra

como construcciones avanzadas de la humanidad.

Y sin embargo cada persona es inalcanzable

en la infinita secuencia de sus motivos y circunstancias,

termina por elegir lo más conveniente y sabio

en consonancia con la suma de sus instantes vitales.