
Volcánica
El disco opaco lucha con la calima,
aparece tras unas palmeras en la playa negra,
se eleva suavemente cual Atlántico golpeando
sobre los restos volcánicos insulares.
Deportistas de todo aspecto y condición
trotan o marchan sobre el paseo marítimo;
huele a café y a tostadas en los chiringuitos,
se desperezan algunos yoguis saludando al sol,
es aún la hora mágica de los madrugadores.
Al suroeste, siguiendo la línea de la costa,
las montañas volcánicas se vuelven doradas,
todo el paisaje africano tiene algo de irreal.
Me he sentado en la arena negrísima frente al mar,
unas gaviotas planean sin esfuerzo aparente,
se introducen en la espuma de las olas,
picotean aquí y allá en busca de alimento matinal.
Mis reflexiones son contradictorias,
absorben la línea costera, el lugar y el instante,
se llenan de júbilo por la belleza y la calma
añoran una juventud que se me escapa.
