Poema 577: Retazos lectores

Retazos lectores

Leo a sorbos, como quien degusta un Martini,

un poema aquí, un capítulo ligero o un relato,

el artículo intenso de una contraportada

o aquel que nada dice ni sugiere.

Llevar un libro siempre me asegura belleza,

la posibilidad de un instante de paz

poder encontrar un lugar lector en un parque,

una evasión en toda regla del mundo.

Probablemente saldrá una idea o un cúmulo de ellas,

una forma de viaje interior, ya universo,

un orden semejante al del sueño reparador.

Un libro es una compañía silenciosa y prudente,

la atracción de la soledad, una promesa

de intimidad intensa, intrínseca y discreta.

Ese retazo lector es un imán de otras lecturas,

de ideas que aún no has reordenado

y cual campo magnético

se erizan en posición de combate.

Paseas con un libro tarareando Ma Solitude,

hasta que hallas un banco público

para tu colección de lugares propicios a la lectura.

El día tiene ese otro esplendor.

Poema 557: Tiempos de paz

Tiempos de paz

El alcázar era un cohete a punto de despegar.

Silencio.

Gritos de guerra y el ultrasonido de las bombas.

Explosión.

Polvo, lamentos, sonidos del desvalimiento.

Resistencia.

Las vías de protesta son escasas y no sirven.

Hoja volandera.

El trampantojo de la ONU se desmorona.

Inmovilismo.

El mundo congelado durante las purgas exquisitas.

Daños colaterales.

Monumento a un soldado de otra devastación.

Impotencia.

El poema impreso en la hoja flota sobre el polvo.

Supervivencia.

Huida hacia la destrucción cortando todos los caminos.

Alimañas.

La tecnología produce una supremacía ética.

Silencio local.

El ciclo continúa, cual lemniscata, indefinidamente.

Poema 61: El invierno del poeta

El invierno del poetaIMG_20160119_180227
Las redes sociales, obstaculizan
el mirar delicado del poeta,
en una tarde fría de niebla y colores grises.
Un tuit, una foto del trabajo en grupo
para conmemorar el día de la paz,
el espejismo de cientos de amigos
sociales, pequeñas píldoras de conocimiento,
ideas que almacenas en el magín
para proyectos futuros,
y sin embargo puedes sentir el aroma
de la superficialidad, la liviandad y el olvido.
Basta sin embargo la lectura de un poema
sintético, un laberinto de curiosidad,
citas de un pasado elegante,
para que se despierten los sentidos:
observas y recuerdas el muñón de unos árboles,
los colores que ya describiste,
un orador que inventaste sobre una marquesina,
la magia precaria de una pareja enamorada,
identificas algunos de tus versos
extraídos en una noche de graves estudios
por alguno de tus seguidores sociales;
sientes entonces un calor amigo,
elevas tu mirada a los cielos dolorosos
del invierno, buscas dentro de ti el milagro
de un comienzo para un poema, una idea,
una imagen, el círculo que cierre el día
con la precisión de unos versos, la sonrisa
satisfecha de un creador ante su obra,
el ansia contenida ante un comentario
o una interpretación inédita. Quizás
un reflejo de inteligencia en unos ojos hermosos.

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