Estampas otoñales

Los cipreses que veo desde el coche
oscilan bajo el viento cual dinosaurios de Spielberg,
cuello largo de movimiento ondulante,
verdes herbívoros estirados para alcanzar comida arbórea.
Una matrícula HLK me hace decir Hulk,
obsesionado con palabras y películas;
el cerro en el que se asienta Parquesol
está oculto por unas nubes bajas, quizás niebla.
La otoñada a lo largo del río y los canales es magnífica,
toda la gama de ocres y amarillos
refulgentes por la lluvia y el viento,
hojas volanderas y una cierta decrepitud muy hermosa.
Las mazorcas de maíz están guarecidas en sus fundas,
son un tesoro amarillo en medio de una masa
de un color indefinido y deslavazado,
acaso ves a los niños perdiéndose dentro del campo infinito.
Imaginas violines o el saxo de Kenny G
en medio del temporal al que esta vez han llamado Bárbara,
la música ordena el ritmo aleatorio del movimiento,
hace que la naturaleza parezca rítmica en sus fases.
En la conjunción de los dos ríos caudalosos, Duero y Pisuerga,
observas el ángulo de incidencia y el caudal,
cautivado por la belleza y el sonido de la pesquera,
por la luz descompuesta en una gradación indescriptible del color.
