
Concatenaciones
Los conos de la niebla son incontables,
efímeros, no existen.
Existe la luz, el polvo cósmico, la oscuridad.
No hay tiempo para observar,
apenas para meditar, salvo prescripción psicológica.
Más efímera aún es la agenda comunicativa:
se enfoca en un tema que a nadie importa
hasta que importe, hasta que incomode y perturbe.
El desasosiego domeña la risa, el humor,
aumenta la velocidad vital, la insignificancia que somos.
Trato de identificar, de adivinar la nimiedad
que una lectora avezada extraerá del poema,
–de la pretenciosidad con la que llamo poema al texto–,
quizás estará aquí, en la ostentación cursiva…
Existe el día que se abre paso en la tiniebla
entre sopladores de hojas y paseantes de perros
y sus conversaciones trascendentes y emotivas.
Existe la luz diáfana, las horas productivas,
el trabajo rutinario que nadie mira.
