Poema 652: El reino de Oku

El reino de Oku

A espaldas del conocimiento mundano

en un lugar mítico de la memoria

se hallan los vestigios palaciegos del reino de Oku.

De no existir la sala San Ambrosio en las redes

diríase un reino fantasma,

el reino surgido de la inventiva de algún explorador

decimonónico y olvidado.

Máscaras y rituales, tronos y lechos nupciales,

el saludo y la cesión documentada del monarca

ya desaparecido de este mundo.

La búsqueda del misterio me lleva a Camerún,

pero las regalías monárquicas nos transportan a un reverso

en el que las sociedades secretas regulan la ley:

instrumentos musicales exóticos y arcaicos,

la música y la danza son la poderosa medicina

que cohesiona con sus ritmos el poder del fon.

Campanas, tambores de ranura, idiófonos y guimbaras,

ritmos litúrgicos para alcanzar el trance.

La exposición de trajes ceremoniales con máscara

nos transporta a un altiplano verde esmeralda

en el que las columnas talladas del palacio real

o de casas como la de la guerra

dan idea del poder teocrático de los gobernantes.

Tronos tallados con profusión de elementos mágicos,

idolillos fetiche para la divinización del fon supremo,

personaje excepcional, juez máximo, gestor territorial

símbolo de la fecundidad y de la prosperidad de su pueblo.

Toda esta magia está expuesta en el palacio colegial.

Poema 119: Exequias

          Exequias IMG_20170512_195847

Los pinos cargados de polen

son un arma química,

las orugas disparan al cuello,

vi pasar en el sueño un cortejo fúnebre,

plañideras por la anciana señora,

un teatro, una costumbre.

 

Los charcos se han vuelto amarillos,

reflejan un cielo muy oscuro,

la cúpula cristiana parece un minarete

recortada en el cielo,

las campanas tañen lentas en el sepelio.

 

El viento mueve la masa arbórea,

cóctel de agujas y polen,

un sonido de ultratumba

más potente que cien tambores

parece atraer a la comitiva sollozante.

 

El despliegue escénico es Romántico,

en mi sueño podría aparecer Zorrilla:

ese vago clamor que rasga el viento,

por fin silencio:

un picapinos y un palomo se lo disputan,

el sol se abre paso con dolor en el cielo.

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Poema 19: Tañen las campanas

Tañen las campanas    IMG_20150104_235452

Tañen las campanas al unísono

en el centro de la ciudad.

Diríase que coadyuvan con el sol

el año nuevo y la luna esplendorosa

en el lustre y la alegría

de quien busca un regalo.


Aún suenan en mi cabeza las notas

tarareadas de la Guía Orquestal de Britten

(The Young Person’s Guide to the Orchestra).


En la espalda de un ídolo, ignorante de serlo,

con mucho oficio, ajeno a su poder,

repta una conciencia limitada, una idea

copiada con apremio, el ritmo del repicar sincrónico:

uno lleva los faldones de su abrigo

abriendo el camino de toda su cohorte

de inútiles aprendizajes, palabras, ideas,

un ser extenso invisible e incógnito.


Un programa, una suma de instrumentos

recrea la melodía de fondo, un escenario

de paredes decrépitas de ladrillo, fealdad urbana,

una cierta pomposidad enlaza la palabra

con el acorde fundamental en un ángulo

recto sobre el que los bombarderos

pudieron sembrar el pánico y la incertidumbre.


Las campanas centenarias hacen el trabajo

sucio, limpian la conciencia, el saber extremo,

igualan la beatitud huraña y cicatera,

con el pomposo vuelo del saber magnético,

enderezan el solar recreación del pánico

para transformarlo en una plaza pública

de palomas carroñeras y niños espléndidos,

futuros intérpretes de voz y armonía de guerra.


Aún suenan en mi cabeza las notas

tarareadas de la Guía Orquestal de Britten

(The Young Person’s Guide to the Orchestra).


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