Poema 438: Zombis

Zombis

Los zombis caminan por la calle

la cara iluminada por su pantalla retina,

ajenos al canto alegre o temeroso de los pájaros.

Hay quien desearía ser de nuevo confinado

para explotar toda la funcionalidad de su tesoro,

comunicarse todo el tiempo de forma aséptica.

Alguien ve una foto de un ciclista en medio del campo,

expresa su temor alérgico a las gramíneas,

el gran satán: aire libre y flores en primavera.

Hay una colección pasmosa de rosas olorosas,

que como mucho serán captadas por la cámara:

–mira, había unas flores–, dirán al mostrarlas orgullosos

de su captura sabatina en ese lugar ajeno a sus costumbres.

El encuadre es la clave de bóveda,

no existirán ni la luz, ni el aroma, ni la suave brisa,

solo los personajes de su juego interactivo,

el combate o la aventura virtual

en una realidad inexistente y simplificada.

En ese mundo no salen conejillos de sus madrigueras,

ni se ortigan al atravesar una zona de escombros:

saltan bloques, trampas inesperadas, simas infinitas,

consiguen monedas o energía para sus avatares,

en un tiempo acelerado ajeno a su memoria y su vida.

Poema 139: Griterío en una exposición social

Griterío en una exposición socialIMG_7299

Entro a la sala en penumbra, sin devoción

más preocupado de usar mi cámara

que de las obras expuestas

o del texto indispensable escrito en las paredes.

No estoy preparado,

pero atisbo belleza en los fragmentos escultóricos

que enfoco.

Hay corros de “connoisseurs”, de pseudocultos,

enterados, asiduos de exposiciones;

hay una profesora jubilada que se me acerca,

que explica con tecnicismos la policromía de la madera

a mi hija de siete años;

le agradezco el gesto y continúo captando el detalle.

Corretean los niños, atentos a sus juegos,

los adultos se afanan en conversaciones,

disparo aquí y allá sin flash.

Salgo de allí con sensación de irrelevancia,

alegre, no obstante, por mis fotografías

y por el ambiente distendido en tan adusta exposición.

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