Poema 360: Cuadro

Cuadro

He montado un cuadro:

una lámina de una obra de Magritte

que traje de Bruselas,

un marco grande que encontré en los chinos,

tacos, escarpias, dos agujeros en el muro maestro.

En la pared pintada destaca sin par,

dejaré un papel en la parte de atrás

que dirá: traído por mí de Bruselas

en un viaje familiar en tiempo de pandemia,

cinco de diciembre de dos mil veintiuno.

Luna, silueta, bola, la casa iluminada al fondo:

cabe un paisaje dentro y cabe un hogar

hacia el que ningún sendero te conduce.

El muro bajo quizás sea el pretil de un puente;

puede que el caballero esté valorando

arrojarse al río.

El hombre del sombrero abre un boquete,

posa el contrapeso en la baranda esquinada

quizás lo llevará en su bolsillo al lanzarse

o es el corazón que ahora late en la casa encendida.

Hiela bajo la luna menguante y las estrellas,

un infinito dentro del infinito,

la sombra de René es un boquete en el espacio,

su propia presencia reflejada en lo banal

simple y característico.

En torsión cuatridimensional el cerebro fuga

hacia las ventanas anaranjadas,

sortea sabinas y pinsapos

hasta llegar a un nuevo abismo

en el que la oscuridad fluye

silueteada de estrellas.

Poema 319: Achicar

Achicar

“L’enfer c’est les autres”

J. P. Sartre

La vida te mantiene siempre alerta:

un egoísta que no quiere vacunarse,

el negacionista de la pandemia,

un crédulo al que le conviene el error,

todos los compromisos contraídos.

Si un día descansas por obligación,

–enfermedad, placer, agotamiento–

al día siguiente tienes la barcaza medio hundida,

y ahí comienza el achique.

El destino de tu barca es hundirse,

pero la adornas, amplías, embelleces y cuidas,

procuras que no sea fuente de disgustos.

Escribe, escribe, escribe, lee, lee, lee,

entonces el agua ha entrado ya a chorro limpio,

lo sientes en las pantorrillas,

tienes cubos grandes y pequeños,

pero sobre todo necesitas tiempo, tiempo, tiempo.

Cuando el agua aparece por las rodillas

dispones de múltiples recursos:

cubos grandes y pequeños, bombas de achique,

pero también existe la suerte y las ayudas,

otros brazos, un sol que ilumina tus ojos,

una dosis de autoestima que te encandila.

Has aprendido con el tiempo que la barca se hundirá,

pero también que lo más probable es aún no lo haga,

y vives como si no fuera a hundirse,

cuidando de que no se encharque demasiado.

Cada vez hay más boquetes

pero soportas el agua con más estoicismo

disfrutas incluso con la forma de la inundación,

te estás convirtiendo en agua y adoptando sus formas.