Nuevo dios
Hay un nuevo dios que ve cuanto haces,
sabe dónde vas, lo que has comprado,
te sugiere respetuosamente tu conducta
como buen dios en sus inicios
aún sin la confianza de la masa.
Esa es la clave, eres observado,
nada se le escapa, cualquier consulta
dañará tu imagen, tu perfil social;
tu rastro se almacena en la memoria
del todopoderoso servidor.
Si compras o simplemente miras,
si lees tal o cuál periódico
tendrás un perfil dinámico de objeto
del deseo anunciador;
eres un número lleno de números,
un adorador del dios que te explota.
Ese dios computerizado conoce tu vida laboral,
sabe el dinero que has ganado en todos tu días,
los gastos y propiedades que posees,
los impuestos con que sostienes tu mundo.
El dios sabe lo que lees, lo que publicas,
conoce a tus amigos y ve tu cara más amable,
y también tu faz oculta,
la que se deduce de los datos que no muestras
o se infiere con imaginación.
El dios es quizás una diosa inteligente y formada,
ofrece señuelos y trampantojos,
moldea tu conciencia, te educa a su antojo,
establece tu patrón de deseo y consumo.
La diosa se rodea de sumos sacerdotes,
de diáconos, de calendarios propios y ritos,
te ha liberado de una esclavitud
para otorgarte la vía sin fin en la que habitas.
