Arte
Sobre la caja de flores pastel,
se amontonan revistas y suplementos,
en ella hay trapos sucios de betún,
cepillos, un pequeño cilindro metálico
con grasa de caballo.
Hojeo una revista masculina, plagada
de publicidad: relojes caros con su maquinaria
desnuda, perfumes altamente seductores,
automóviles de alta gama. El fotógrafo
ha diseñado las sombras perfectas
sobre el hermoso cuerpo de mujer
desnudo que cubre su pelo con una toalla
de colores apabullantes.
Es un domingo de diciembre. Tu imagen
en el espejo muestra tu barba de dos días
quizás ya invadida por las canas.
Admiras en otro suplemento las respuestas
de la escritora comprometida. Aquí estás
a salvo de un peligro físico. Confort y despilfarro.
La foto de la mujer de la toalla sigue llamando
a mi mente ávida de arte: Benjamin Askinas,
busco y encuentro su trabajo en la red.
El lujo contrasta con todo cuanto escuchas
o lees, refugiados, fusilamientos, ahogados,
el horror vacío de un apartamento arrasado
en Chernobyl, la pesadilla de una guerra en Siria
que no cesa. Es un lujo creado, inalcanzable
un arte de intensa provocación al que intentas
imitar con tu mirada mortal cultivada
en el otro arte: sobrevivir, musitar, permanecer.
