Historia de una foto

Tengo todos los datos: la imagen,
el lugar y la circunstancia,
la belleza, el fondo desenfocado,
carnalidad tras un día de efigies en piedra.
Plaza Mayor de Salamanca,
terraza universal, hormigueo
de gentes que transitan y admiran
el encanto uniforme de los cuatro costados.
Dos mesas más allá, inmaculada y soberana,
hombros descubiertos,
músculo deltoides de perfecta curvatura
elongado hasta medio brazo.
Vaqueros y top blanco,
impolutas zapatillas níveas,
cabello largo, castaño y sedoso,
un perro pequeño y leonino en su regazo.
Se acaricia un hombro con suavidad
extrema, uñas rojas, sensualidad
al acercar la infusión a sus labios;
el libro yace aún abandonado en la mesa.
Admiro su soledad en la tarde soleada,
contrasta con el movimiento y la cháchara,
el bullicio chillón de turistas,
el sonido de copas, brebajes y cristales.
Toda mi curiosidad se concentra en el libro:
lo abre discretamente,
es antiguo, sus manos lo reconocen
como a un amante olvidado.
Disimuladamente disparo a las fachadas,
luego un solo disparo creativo:
desenfoco fondo y márgenes;
¡Eureka! Título y sensualidad de las manos.
