Poema 64: Cuando nada sucede

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Cuando nada sucede, la crecida del río,
cuando nada sucede, un relato quijotesco,
cuando nada sucede, se asoma el vacío.

Cuando nada sucede, dos niños me abrazan,
cuando nada sucede, encuentro un poema,
cuando nada sucede, me convierto en lombríz.

Cuando nada sucede, la insignificancia,
cuando nada sucede, me miro al espejo,
cuando nada sucede, sopeso mi edad.

Cuando nada sucede, los buitres acechan,
cuando nada sucede, pierdo el valor,
cuando nada sucede, no hay hoja en el árbol.

Cuando nada sucede, repliego mis alas,
cuando nada sucede, confío en el tres,
cuando nada sucede, todo está sucediendo.

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Poema 63: Días grises de invierno

Días grises del invierno     FB_IMG_1456224423824

El árbol mágico no tiene nidos,

contiene en su interior una farola;

su silueta en la niebla muestra

varias ramas amputadas,

es gris como todo bajo el espeso manto

de la diosa pucelana.

 

Un gato se ovilla al lado del río;

una pareja de joviales ancianos

desmigaja y esparce cuscurros de pan

ante la atenta mirada de las palomas

carroñeras y las inteligente urracas.

 

Las comadres más enteradas,

se aprestan a cargar con los problemas

ajenos, oralidad que ya no se frena,

el poder social de organismos desocupados,

una salida gris a la  cotidianeidad.

 

El quiosquero feo ya no me saluda:

no compro allí el periódico, no escucho

sus comentarios misóginos, su pesimismo

flota en el aire cargado de juguetes

de escaparate desvaídos por el sol.

 

La fachada del ángulo inverosímil

se ha agrietado; varios coches aparcan

inmisericordes sobre el césped

reseco por la helada y las roderas,

los municipales silban mirando al sol

impotente, embobados por el rítmico

taconeo de una madre joven.

 

Hay días en que la mirada poética

se regenera en la feladad mecánica,

verbaliza flujos catárticos de miseria,

se apresta al contraste de la luz,

del ciclo hormonal que redime e inspira.

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Poema 62: La Gran Odalisca

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    La Gran Odalisca

La piel luminosa, el escorzo obligado

para que los ojos incitantes te alcancen,

voluptuosidad, la caricia de las plumas:

antes, has visto dibujada a la modelo,

la postura natural, el cuerpo estilizado,

un estudio abierto a la imaginación

poderosa del artista. Después,

crecen las proporciones, invaden el cuadro,

ya es ficción absoluta. Y mito.

Observas embelesado la perfección

resultante, sopesas los pensamientos

inexistentes, el deseo, el placer soñado.

Entonces la magia de tu mente

la dota de movimiento, la insufla vida,

los ojos se mueven discreta y lentamente

en sus cuencas, las formas cobran volumen,

al fin las plumas tienen su uso

y los almohadones se deforman por el peso,

la piel es un imán sedoso, los músculos

se tensan y destensan, parece sonreír:

eres un cautivo espectador más,

subyugado por su belleza y erotismo.

odalisca dibujo