Poema 43: Se me ocurren palabras

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Se me ocurren palabras: exoesqueleto, trastienda,

celo, tatuaje, indecisión. Compulsión y ejercicio

y de repente sueño. Dormir, no querer despertar,

vagar por los territorios de la calma, de la ausencia

de prisa, languidecer a la sombra de un pino

mientras decides. Otras palabras: prédica, verbo,

aliado, encumbrar. Una nada que cobra sentido

con los datos, con las novedades, una lista de temas,

los más seguidos, utilizados, etiquetados, una tiranía

de la tecnología, minutos sumados a minutos

que resultan horas y días, y el terreno de juego se reduce

se estrechan las bandas, el regate se vuelve difícil,

cuando sales de él, te esperan aún tres centrales

corpulentos, tríada, divinidad, un beso te despierta

te absorbe y hace que tus engranajes secretos

chirríen antes de funcionar, de emitir su voz neutra,

tinieblas, una alegría en la contemplación de la mañana

sentado en un banco: hormigas que trepan,

destacan sobre los pantalones blancos, un hueso

de cereza picoteado por un mirlo cae del cielo.

Más palabras: dignidad, heroico, hélice, tetraedro.

Datos, miles de datos, control, seguimiento, anonimato,

eres tú el definido, más real que tú mismo, más centro

de la diana consumidora, el capital te apunta, te roza,

te embarga, te alimenta para su alimento,

mas de forma colateral, hierros y vías, la belleza

del óxido se recorta contra el cielo azul de primavera,

días fértiles, crecientes, entorno del solsticio,

un vídeo anuncia la visión espasmódica de Plutón

y sus lunas dentro de un mes, el fin de la era espacial

el sistema solar observado superficialmente, color

valles, accidentes, ni un atisbo de vida como concepto

humano, rocas, materiales fundibles, estercoleros

siderales. Entonces uno vuelve a la lógica infinitesimal

de un entorno mínimo, flexible, lugar de búsqueda personal,

cada imperceptible movimiento observado, sometido

a indicadores, amplificado; uno es él y sus microbios,

el sistema bacteriano que le proporciona sustento,

la voz es un añadido necesario, un apéndice

el centro de gravedad de un sistema azaroso de movimientos,

cada cual definidor y creador de su ética, plástica,

adaptable a toda circunstancia, asidero y justificación,

masa crítica observada y al tiempo destruida:

el movimiento de trayectorias con alguna probabilidad.

Otras palabras: noche, cucaracha, consuetudinario,

fetiche. Un cuaderno en el que se repiten los temas,

circulares, concéntricos, a veces con leves aproximaciones,

todo el saber al alcance de la mano, inquietudes, voracidad,

una sensibilidad especial para captar una puesta de sol,

una luna mínima reflejo de las miradas humanas.

Soy escriba-esclavo de técnicas cinematográficas,

una veloz aproximación de la cámara, raíles,

la mirada atraviesa la superficie y halla un mundo

de linfocitos y defensas, una tupida red de glóbulos,

una masa resistente, sobre cuya piel se muestra

la belleza de la estructura interna o su declive irremediable.

Cientos de libros y entonces surgen ya definitivas,

voces, recuerdos, una azotea del hotel Castro en Heraklion,

el deseo cada vez que levanto la vista de las Flores

del año mil y pico, el perfil de una puesta de sol marítima

en tanto que me busco entre unas ruinas reconstruidas

de las que ignoro casi todo: imagino un minotauro y no sé

qué hago allí, en medio de tanta belleza sin poder amasarla,

informarla entre mis manos, sin palabras y sin ancestros poéticos.

Todo el camino es ya una ocurrencia de palabras,

la realidad aparente se conforma con descripciones y voces,

estados de ánimo, apoyos y entregas a veces torpes,

veleidades más tarde reconstruidas, errores y vergüenza,

mas siempre ascendiendo, firme e irreductible,

inmaculado perfil, dueño de cierta belleza, encumbrado

entre contradicciones y contrasentidos, mundos del revés,

la letra de una canción antigua en otro idioma,

subido en tu bicicleta morada rodeado de mies en sazón,

o el juego visual de los aspersores recortados sobre el sol poniente.

El candor juvenil, la inocencia de la madurez, cierta

crítica teórica: te encoges y te ensanchas, te haces invisible

o te elevas sobre el tumulto para pronunciar un concepto

ineludible, guiado, salvado, encumbrado, amansado,

pero sin sujeción, con toda la libertad preservada y aplaudida,

junio del quince, se me ocurren palabras.

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Poema 42: Centro comercial

       Centro comercialIMG_20150610_193624

Deambulan bostezando, bajo el ruido

insolente del centro comercial,

niños, la primavera ahí afuera, verde,

una mujer muy hermosa con vestido azul,

piernas de arquitectura esmerada,

y zapatos anudados en tobillera de cuero.


Embozo de acero, torniquete neuronal,

viento, voces y alegría, demasiada luz,

uniformes, todo el mundo consulta el móvil,

foro inmisericorde, lumbago voraz,

escenas de caza en un mundo armado.


Los somníferos muestran su sombra

en estos días alargados: sólo observo tacones

de los que surgen piernas esbeltas,

pantalones blancos sin una sola arruga,

el celo constante de los abuelos en el columpio.


Un mundo acabado e inane, fugaz

el recuerdo del suicida, vehículos

solitarios, la paz intrínseca de un poema,

continuidad elegante, compras,

ecuación simple con velocidad de la luz.


La mujer solitaria de las piernas cruzadas,

componía un haiku-tuit en su sonrisa satisfecha,

el tamaño de los caracteres enciende la hoguera,

guía inmarcesible entre simios pacíficos,

cadencia de caderas, seducción hermética.


El ruido y el movimiento perpetuo,

producen agotamiento plástico;

sólo los niños deambulan con ojos abiertos,

los ancianos han muerto en el hall senatorial,

en los verbos amarillos la vida se desvanece.

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Poema 41: El mundo es un cruel trasunto de sí mismo

El mundo es un cruel trasunto de sí mismoIMG_20150214_162934

El mundo es un cruel trasunto de sí mismo:

el horizonte dorado o de un rojizo intensísimo,

bajo el cual llora un niño la injusticia de sus padres,

un animal busca su madriguera en el calor,

el deprimido ahoga sus horas en lágrimas.


El calor acentúa los verbos en la línea del cielo,

amalgama miserias, las funde en una pieza

irreconocible para el forense, un árbol

plagado de hormigas, infestado en agonía

de años, en podredumbre de materia.


La deriva de tejados con aguas desordenadas,

oculta toda la perversión humana posible,

inteligencia animal, íncubos de incógnito,

tiranía del débil con los aún más débiles,

ausencia de luz, látigos de fuego, maldad intrínseca.


Las viviendas uniformizadas escupen brillo,

desmotivan a los sin techo, escarmiento

de inmigrantes escaladores, sometimiento

de voluntades mal pagadas ante un cuadro

exógeno, obra de arte fraudulenta en un museo.


El exégeta está de vacaciones, lee un ciego

en las miasmas de un lago suburbano,

desvencija voluntades el portavoz público,

entre dos eruditos se comen un besugo a la sal,

es un apocalipsis en las horas del olvido y del sueño.


La ciudad refulge, en sus bancos de granito

duermen héroes entre churretones de grasa,

cabe miles de flores se pasea una escultura

llagada y doliente escoltada por conos de raso;

un comedor de pipas acelera su ritmo frenético.


Hordas de jubilados arreglan verbalmente

la suciedad social, el horrísono crujir

de las articulaciones desdentadas, valor, bondad,

escalpelo de corte arbitrario, banal y felón:

votarán con la ilusión del mendigo hambriento.


El mundo se busca a sí mismo y se encuentra cada día:

verbigracia, la sonrisa de la Gioconda rediviva

o el vuelo de un ángel andrógino en un spot,

desenmascaran muecas y deseo, el anverso

humano del horror y la banalidad crujiente de un beso.


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