Poema 40: Córdoba

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En un patio de Córdoba, un mirlo

busca gusanos mientras leo El cielo de Lima

En un patio de Córdoba huele a jazmín,

el aire es fresco, Medina Azahara a lo lejos,

reverbera en la falda de la sierra.

Las piedras señalan el camino de los embajadores,

un centro de poder califal, suntuosidad,

la elegancia arquitectónica de los arcos

mezcla de piedra y ladrillo, apenas sustentados.

Aún no he visto la mezquita.

En las calles estrechas, descendentes, asoman

otros patios repletos de flores. Judería

hordas de turistas como yo, rincones

espléndidos, la estética de paso desde una terraza

convertida en restaurante magnífico.

En el patio de los naranjos hace un frescor

divino, fuentes que murmuran sobre el murmullo

de los visitantes, luz blanca y limpia,

lugar de culto y de encuentro.

En un patio de Córdoba escribo unas pocas líneas,

imagino el poder del califa, las hermosas mujeres

de su serrallo, leo El collar de la paloma,

veo a la hermosa Wallada culta y deslenguada,

sostener la mirada de Ibn Zaydún, ofrecer

su presencia como un regalo indescriptible,

recitar uno de sus poemas con voz sensual,

escribir palabras de amor en una tarde de abril.

En un patio de Córdoba, recién duchado,

siento la belleza de las flores sobre el muro blanco.

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Poema 39: ¿Dónde habitan los poetas?

¿Dónde habitan los poetas?

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Donde habitan los poetas hay luz.

El espacio y el color no cuentan,

eso es prosa, es linimento, yeso

con molde, colección de risas enlatadas.


El poeta vive en ciento cuarenta caracteres,

en el banco de un parque urbano en primavera,

desayuna una porra combada, observa,

vuelve a observar y depura palabras y gestos.


El poeta mezcla y desordena, se enseñorea

de una agencia de publicidad, es un medio-centro

que reparte y elige y perturba y enmascara,

semidiós altivo rodeado de conseguidores.


El poeta vive en un sexo henchido,

colma su deseo y lo encumbra, suspende el tiempo,

medita acerca de la nada y sus derivas,

convierte tu piel en una espiral de vida.


El poeta desbarata el ático en el que vive,

ignora la estética ordenada del vecino,

atisba un tatuaje y lo convierte en arte,

a un pájaro negro, lo convierte en mirlo.


El poeta escribe los discursos políticos,

transgrede los límites de los manuales,

pernocta en una iglesia visigótica,

contempla los contrafuertes tan propicios.


El poeta sigue la estela del caracol,

añora su baba cicatrizante, inhala

el perfume de una rosa decadente,

se deja engañar por el brillo de un dorado.


El poeta detesta las palomas carroñeras,

visita los elefantes enjaulados, lejos

de su selva, confunde las cebras con leones,

se hospeda en el hábitat del gorila humano.


El poeta vive en la volatilidad de un verso,

cabalga desaforado en una carga ligera,

cuando llega a su casa, armoniza una cena,

quizás después hará llover sobre su alma gemela.


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Poema 38: Azul

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Busco mi sombra sensual, en azul

protegido por un primer plano de nubes,

desórdenes, voces de un anverso desvaído,

filtros, hechizos, palabras enfebrecidas…


La mirada poética es agotadora,

la expongo a un día claro de primavera:

un naufragio en el mar interior,

una muerte inesperada se pasea por mi mente.


Sonrisas cotidianas al filo de ecuaciones,

voluntades débiles, flancos desprotegidos,

anuencia en la suerte, oficio de débiles,

un vestido y una voz limpia que desbroza el aire.


Levanto la vista una vez más, un instante más,

convencido de la hermosura de cuanto me rodea,

persuadido de la estética extraída de la avaricia

de cuantos deforman, alteran, arruinan, desbaratan.


Una voz suave, dulce, un ukelele, inesperada

belleza sensual, bienestar feliz entre mis hijos,

deleite de los sentidos, imágenes de dicha:

un alto azul de maravilloso contraste fotográfico.


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Poema 37: En esta nación

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En esta nación los hombres son todos camioneros,

pernoctan en gasolineras con mujeres solitarias.

En esta nación, todos los cultivos son de garbanzos,

y los pájaros levantan el vuelo al unísono.


En esta nación no hay trigales de regadío,

arracimados, de un verde intenso al atardecer.

En esta nación los ríos permanecen estáticos,

y el viento no hace mover las aspas de los molinos.


En esta nación las miradas terminan siempre en peleas,

la palabra apenas tiene valor y no hay poesía.

En esta nación, las gallinas se alejan de los gallos,

y las flores no son polinizadas por abejorros.


En esta nación no existe el mar y uno tiene que imaginarlo,

las olas son pensamientos extraídos con dolor.

En esta nación nadie levanta demasiado la voz

y en los entierros predominan las sonrisas.


En esta nación no existe el malhumor,

ni la prisa, ni el agotamiento, ni el llanto.

En esta nación los cuadros se exponen en los hospitales,

y los enfermos sanan por imposición de las manos doctas.


En esta nación los locos no viajan en segunda clase,

ni los amantes se miran nunca a los ojos.

En esta nación las palabras tienen todas un color,

y en los alféizares de las ventanas se acodan los enanos.


En esta nación nadie comparte el botín de sus rapiñas,

ni disfruta de la agonía de una puesta de sol.

En esta nación huele siempre a naturaleza virgen,

y los besos abren las puertas a mundos incógnitos.


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