Poema 674: Años de Peregrinaje

Años de peregrinaje

La pianista con su incómodo vestido rojo

se quita los zapatos;

acaricia el teclado con elegancia

mientras ejecuta un List de vértigo.

Cientos de miradas y de oídos se deleitan

en la sala de cámara:

cada cual evocará paisajes o vivencias

o los sueños aún sin cumplir cada día.

El virtuosismo es admirable, al igual que la melodía:

¡Cuántos años sentada ante un piano!

La expresión corporal, el ritmo, la danza sedente,

humanizan el arte estratosférico,

la ausencia de errores, la velocidad simpar.

La imagen de rojo, blanco y negro se difumina

cuando la música invade los sentidos.

Ideas, conceptos, valoraciones, lugares oníricos

se adueñan de mis centros de consciencia,

iluminan espacios mentales, me alejan de la realidad

en esa soledad acentuada, sin carnalidad posible.

La vida hoy ha sido generosa y amable,

he dispuesto de tiempo, de emociones, de palabras,

he contemplado la humanidad de un quinteto

y la apabullante maestría pianística de Zee Zee.

Cada pequeña acción se amplifica con la música

creada, ejecutada, efímera:

sensibilidad exacerbada como si los velos desapareciesen

tras el conjuro mágico de garabatos mnemónicos.

Vuelve el foco al reflejo de las manos persistentes y veloces.

Poema 222: Ovnis

Los ovnisIMG_20190615_143336-EFFECTS

Los ovnis sobrevuelan el atardecer,

los he visto enredados en los zapatos de los transeúntes,

en los rostros de comulgantes,

en la mirada de un lisiado a la puerta del templo.

 

Los hay en la plaga de palomos turcos,

asoman en mi dolor de cabeza sabatino,

crean el viento para frenar la bicicleta.

 

Los ovnis polinizan árboles olorosos,

anclan tu cuerpo a una silla todo el día,

cambian la presión a su antojo,

atrasan cada día la puesta de sol.

 

 

Se difuminan en una fotografía borrosa,

siempre han estado ahí,

hablan por boca del perturbado

que dialoga con ellos en un idioma inventado,

se presentan en los sueños de forma inesperada,

cambian tu humor en un instante,

te embriagan de aromas del campo

mientras bajas la mirada y olvidas lo que sabes.

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