Poema 17: Sueños imposibles

creacion-adan

SUEÑOS IMPOSIBLES

Me desperté sentado en una hipotenusa,
soñaba con un fulano soberbio pronunciando
una frase tópica sin haber mirado el prospecto,
pensé en catetos, en la distorsión del lenguaje,
en los equívocos del sueño, en el rozamiento
del suave deslizarme por la inclinada pendiente.

Aquel día soplaba un viento endemoniado, torbellinos
de ramas pequeñas amenazaban con engullirme;
al penetrar en la habitación, el sueño dejó el remolino afuera,
la luz única de la chimenea caldeaba la estancia vacía
paredes verdes, un cubo sin mobiliario, salvo una alfombra
que invitaba a desnudarse, a tumbarse boca arriba
para ver las sombras del fuego proyectadas en el techo.21627_NOSFERATU-1

Te deslizas sobre el suelo a través de una puerta secreta,
blanca, desnuda. Tu silueta zigzagueante avanza por la pared,
la contemplas, te demoras, te observas, ríes fuerte y seco,
ensayas movimientos sinuosos: manos, caderas, piernas;
tu rostro permanece en penumbra, apaciguado o sereno,
blancos dientes, todo el cuerpo divertido, ruidos leves
cual fantasma gigante delante del fuego, Nosferatu.

Sabes quién soy, he llegado desde mi sueño al tuyo,
a la habitación verde que has acomodado para mí,
minimalista; me preparas para satisfacer tu deseo,
hay clavos dispuestos en las esquinas del tapiz vitruvio11 (1)
a los que me amarras con cordones invisibles;
Hombre de Vitruvio, rendido, esclavizado,
sin atreverme a levantar la mirada, sometida
a la magia del sueño. Me dispones suavemente
hacia la entrada en tu reino lúbrico; dolor,
amortiguado por sensaciones antiquísimas;
gimes y una sombra se desgaja de ti en la pared,
pequeña, difusa, bailarina. Pronto hay todo un coro
de danzantes coreografiados, la fuerza
se ha apoderado de mí, tenso las cuerdas con tu olor:
los clavos se han soltado del suelo, Adán sixtino, coloso
a punto de ejercer su dominio permitido por la dirección
de tu sueño, lugar de empujes y embestidas de profundidad.

Nada se interpone entre el mando y la acción, seguro
de mi tiempo y lugar en tu interior, de la sapiencia,
ejerzo de perfecta marioneta dispensadora de virtudes
hasta que me agotas en la alfombra profunda del bien dormir.

Afuera el vendaval continúa, vuelvo a la hipotenusa,
a subir la rampa tediosa de ese triángulo olvidado,
soluciono los pequeños abusos de soberbia ignorante,
y vuelvo al calor del lecho que no he abandonado.