Poema 410: Miradas en la niebla

Miradas en la niebla

Veo imágenes en la niebla,

clásica en estas tierras en estas fechas,

color rojo sobre fondo gris,

luces que se expanden y deforman

esa pesadilla de película de terror.

Pasó el Tenorio, el culto a los difuntos,

la alegría importada del disfraz en esos días;

noviembre es un mes violáceo y húmedo,

la puerta del invierno que aún no llega.

Las luces del semáforo colorean la escena,

más allá del hipermercado no hay nada

solo la cúpula neblinosa y semiesférica

distorsionadas las formas y las presencias.

Persiste la sensación de locura

cuando se obstina la calígine,

un fin del mundo inmediato y devastador,

una pérdida de elementos de referencia.

En algunas estrechas callejuelas del centro,

aquellas que milagrosamente sobrevivieron

a la especulación de los años setenta,

aún es sencillo imaginar espadas y embozados,

un ajuste de cuentas por un lance amoroso.

Hay refranes y entusiastas de la niebla,

también detractores acérrimos,

sonidos que resuenan a distancia

y una belleza no para cualquiera,

no para cualquiera.

Poema 385: Calor

Calor 

Hemos visto en series y películas  

la locura que puede producir el calor sostenido, 

las noches sin dormir, 

la búsqueda comunal de un chivo expiatorio. 

Hay fórmulas de equilibrio: parques, árboles, ríos. 

Modernamente una piscina 

y siempre, oscuridad, corriente de aire, 

bodegas en el subsuelo. 

Hemos pasado, sin apenas transición, 

del frío al infierno, aún los cuerpos encogidos, 

la piel blanquísima, los rostros enmascarados 

y ahora libres. 

Los medios de comunicación no ayudan, 

crean una alerta colectiva desmesurada, 

como aquellas que llevaron a vaciar supermercados, 

a cargar con decenas de rollos de papel higiénico. 

Hace un calor real y un calor mediático, 

este último, unos diez grados superior. 

Ayer pensé que cuando lleguen tres días sin calor 

lo echaremos de menos: 

los baños nocturnos, los paseos posibles en la oscuridad, 

el motivo de queja por las vicisitudes diarias 

concentrado en este enemigo común invisible que es el clima. 

No afecta por igual a todos como la muerte o la enfermedad: 

el clima puede sortearse con energía y dinero, 

viajando, emulando las migraciones o antimigraciones 

cual aves poseedoras de recursos suficientes. 

Caerán los débiles que pudieron sortear la pandemia 

y aquellos que no puedan protegerse de su pobreza. 

Poema 253: Penetrar en la niebla

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Penetrar en la niebla por la mañana

es sumergirte en un mundo opaco y tal vez onírico,

dejarte seducir dulcemente por la voz de Ida Vitale

que recita sus versos coloridos y sonoros,

imaginar las tierras altas al fondo del valle,

recordar sombras de la Orestiada,

el ancestral temor a que se difuminase la caza.

 

Es el acceso a la atemporalidad, a las voces,

quizá susurros de la naturaleza superpuestos,

psicofonías, ritmos desconocidos ascendentes

para llegar a un trance sin sustancias psicotrópicas.

 

La niebla es un caos mental único y uniforme,

es la belleza de las siluetas fugaces,

de la velocidad engullida por la luz sepia,

una humedad tozuda que penetra en los huesos

y destroza el alma de las personas melancólicas.

 

Al penetrar en la niebla se deforman los pinos,

pasan a ser gigantes melenudos de miembros quebrados,

se atrasan los relojes por efecto del vértigo,

la irrealidad atrapa una a una las moléculas circundantes

y las reconstruye en un orden caótico.

 

Saldrás de allí reconvertido en dócil funcionario,

capaz de olvidar en pocos minutos la convicción poética,

la hermosura que te ha sido dado contemplar

en tu imaginación velada por la pátina brumosa

de un éxtasis que fue sueño o locura transitoria.

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Poema 78: voces

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Locura transitoria, indistinguible

en medio de la belleza.

Voces onomatopéyicas, agua y más agua,

degradación moral y miedo

interno a tus propios actos.

 

Voces impostadas de actor

cuando ya apenas hay público,

nubes de desorden,

danza ejecutada ante la cámara

potencia muscular de apariencia sexual,

ritmo y golpeteo, los ojos

concentrados en la vida interior.

 

Voces exhaladas con apenas ya

un hálito de vida, la barba

no se resiste a crecer en el rostro moribundo,

los ojos no saben donde posarse.

 

Voces a la deriva, desesperadas

surgen de una niebla marina,

encogen tu corazón,

miedo a los límites

incógnitas de la moral superviviente.

 

Voces rítmicas, la repetición inane

de una casette,

el aullido degenerado en ronquera.

 

Voces sedientas de otras voces,

voces nutricias, una inflexión familiar

en medio de la distorsión turbulenta,

conoces e ignoras, el extraño

tan conocido no es tu alter ego,

es una entidad capaz de fantasmas,

es una otredad reptiliana

repleta de fuerza y deseo.

 

Voces del inframundo en tu sueño,

puertas y puertas que te llaman

por tu nombre, todas terribles

iguales en blancura grisácea.

 

La voz animal dicta sentencia,

produce una perturbación

en la superficie de la piel,

eriza el vello, contrae todo tu cuerpo.

 

Voz del averno, voz dramática,

la voz que atrae al suicida,

todos los vicios y todos los pecados

en la voz inflexionada,

en la puerta del cuerpo y del alma.

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