
Esa sensación
Esa sensación de enjambre humano,
agitado, hiper estimulado
arrastrado por él
difícil de controlar una vez en movimiento:
¡Vivid y disfrutad que el tiempo se acaba!
Desconecto noticiarios y opiniones,
me alejo de sucesos y calor mediático,
ocupado en el vacío que deja un poema con éxito,
la espera atenta a una novedad creciente.
Leo y leo, agito hilos invisibles, entrevistas,
el sosiego de quien apenas influye
y lo está diciendo todo.
Esa sensación de ola sobre la que surfeo,
no de forma voluntaria:
asomo la cabeza un instante y veo el panorama,
para volver a centrarme en sobrevivir.
A menudo me siento manipulado,
bien de forma local, bien de forma general,
improviso palabras sobre las que construir hipótesis,
teorías surgidas de la necesidad explicativa y coherente.
Otras veces soy un eslabón, necesario o no,
una cadena de transmisión
a la que otros se enganchan, o acercan o permean,
una luz o una oscuridad, quizás una expectativa.
Esa sensación no me abandona, no descansa,
el tiempo que nos queda de Caballero Bonald,
esa inoculación poética que penetra en la carne
y la deja ya inmarcesible para siempre.
