Poema 297: El polígono está vacío

El polígono ­­­­­­­­­­está vacío

El polígono ­­­­­­­­­­está vacío el día de Todos los Santos,

no poseemos el espacio ni el tiempo,

lo usamos con usura y pagamos por ello.

No somos dueños de la psicología social,

ni de las elecciones de nuestros hijos,

apenas de la comida que comemos.

El polígono industrial está vacío,

es una zona fantasma.

Al anochecer patrullas policiales rastrean

botellones de adolescentes rebeldes

cuyo instinto primario elude la lógica familiar.

Por el agujero de las tapias del tren se filtra un amarillo.

Fijarse en las cosas es agotador,

se abre una cascada de ventanas al asomarte.

Cada objeto, ¿quién lo creó, construyó, trasladó?

¿Quién lo puso ahí, cuándo, para qué?

Algunas decisiones tienen consecuencias.

El cielo enladrillado o toda la gama cromática del otoño,

un letrero ajado de Se Vende, o el tendido de unos cables

sobre postes de madera decoloridos,

los charcos con dibujos concéntricos de aceite

o los camiones que esperan a ser desinfectados,

la tapia reconstruida sobre las vías

en la que pronto hará su aparición Acción Poética,

atrapan la mirada del ciclista que se divierte y memoriza.