Poema 332: Museo

Museo

Los mirlos pasan por delante de la cámara,

vuelan desde el árbol del jardín a la balconada de cerámica,

hace calor,

el verano calienta los verracos milenarios.

El vacío ha deambulado entre los arcos del aljibe,

serpentea entre ellos y regresa a mí.

Conozco las palabras para nominar las piedras,

la industria lítica del paleolítico,

ignoro la traducción de la colección de estelas.

La penumbra contrasta con la luz exterior,

algunos visitantes pasan deprisa, 

ignoran la sensación de bienestar 

entre las obras de las colecciones.

Holofernes, el tesoro del agua de los árabes,

unos grabados de Picasso,

el cuadro de El Greco con los colores de la República

penetran, reactivan, estimulan,

dibujan hilos vitales en los que sostenerse.

El piar afanado de los pájaros negros,

la silueta que muestra la uve girada de su pico,

son visitantes que hablan y desprecian,

que caminan a grandes zancadas para nada.

Te quedas solo en el silencio del agua,

cuentas las columnas, las bóvedas,

los metros cúbicos recogidos de la lluvia.

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